Mateo 20: ¿El sufrimiento de la cruz o el reino?

Léase por favor Mateo 20:17-28

Veremos en este capítulo como los discípulos tardaron en entender el rumbo del Señor Jesucristo. Por la cuarta vez el Señor les habla de lo que iba a suceder en Jerusalén.

Subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará.

Hay que ver las veces anteriores, empezando en el capítulo 16, donde leemos de la confesión tan buena de Pedro; Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Esta confesión le traía la bendición del Padre, sin embargo, le faltaba mucho para captar la verdad de la muerte cruel y propiciatoria que esperaba el Señor Jesús. En el capítulo 16, vemos su rechazo por la nación de Israel y el Señor diciéndolos a sus discípulos que ya no decían que él era el Cristo. (verso 20)

Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Mateo 16:21

Acerca de Juan Bautista, martirizado por Herodes; Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos. Mateo 17:12

En el mismo capítulo 17, versos 22 y 23, leemos: Estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera. Este ya la tercera vez, parece que empezaron a captar la verdad de su muerte, pues eran grandemente tristes en aquel momento. Pero lo que sigue en nuestro capítulo 20 nos deja entender que su mente aún estaba pensando del reino en su manifestación. A pesar del dicho tan claro del Señor de lo que iba a suceder en Jerusalén, en sus mentes este viaje era para establecer el reino del Mesías de Israel como había sido profetizado. Así parece que hablaron de eso entre sus familiares, y vemos como la madre de Juan y Jacobo, pensando de la gloria del reino y de los premios por los fieles, buscaba una posición buena para sus hijos. Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.

Nosotros que somos padres acaso entendemos el deseo de esta madre. Queremos el éxito de nuestros hijos y a veces abogamos por ellos en alguna forma, si sea dentro de nuestra capacidad. Ella quería algo bueno por sus hijos en el reino de Jesucristo, pero era una petición hecha desde la ignorancia. Los premios en aquel día serán según la identificación y sufrimiento con el Señor Jesús en su rechazo. Jacobo era el primero de los discípulos que sufrió este último precio por su fidelidad al Señor; En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles. Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. Hechos 12:1-2 Así participaba Jacobo, tomando la copa de sufrimiento como el Señor había dicho. A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados. (Entendemos, espero yo, que se puede participar en los sufrimientos de Jesús como mártir, pero no como propiciatorio y substituto.)

Anteriormente, cuando las madres traían sus niños al Señor, buscando su bendición, la alcanzaba. En verdad, en ninguna otra ocasión hemos visto al Señor negar cualquier petición de un padre o una madre acerca de sus hijos. Pero aquí vemos que esta petición no fue cumplida. El Señor continuaba diciendo que los premios del reino serán administrados por la voluntad del Padre. El Hijo del Hombre mismo recibirá el reino de manos del Padre, como se había indicado en Daniel 7 (y desarrollado en el nuevo testamento por el apóstol Pablo en 1 Corintios 15), así también los santos recibirán su lugar en el reino de manos del Padre. Recordar esto nos ayudará a comprender las palabras del Señor refiriéndose a la recompensa: No me corresponde a mí darlo. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia… 1 Corintios 15:24

Los molestaba a los demás discípulos al oír de tal petición acerca de los dos. Había entre ellos, desgraciadamente, un espíritu de competencia. No nos cuesta a nosotros entender este espíritu, sin embargo, no es lo que conviene en el reino de los cielos. Aquí vemos otra hermosa lección sobre la humildad que corresponde al reino. Aún hoy, nos cuesta reconocer que los principios que rigen en el reino divino son opuestos a los que rigen en los reinos de los hombres. En el mundo, la grandeza se expresa en dominio y autoridad: el poderoso está en posición de enseñorearse de sus semejantes. Entre los santos, la grandeza se expresa en ministerio y servicio. No soy para nada alumno de los idiomas de la Biblia (me limito al inglés y español) pero según los que lo estudian, la palabra para servidor en el versículo 26 es “diácono”, y la de siervo en el versículo 27 es “esclavo”; es la palabra que Pablo usa para Timoteo y para sí mismo en el primer versículo de la Epístola a los Filipenses. Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos… Pablo fue, ante todo, un esclavo de Jesucristo; pero el modelo más apropiado nos da el verso 28 de nuestro capítulo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. Así por la quinta vez el Señor habla de su muerte redentora, la eficacia del cual escapaba a los discípulos por el momento.

¡Quiera Dios que todos mis lectores sean entre los muchos!

Felipe Fournier
2 noviembre de 2025