Hebreos 2: Salvación tan grande, no hay temor de la muerte

Léase por favor Hebreos 2

Nuestro capítulo empieza con la primera advertencia en la carta contra la apostasía. Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Algunos han tropezado con el uso de “nos”, diciendo que el apóstol está diciendo que podemos entonces perdernos después de haber sido salvos por gracia si no atendemos con diligencia. Pero, como explicamos en la introducción, esta no es la interpretación de estos versos, ni tampoco se puede hacer tal aplicación. El apóstol a menudo se incluye, siendo que él también era judío, no porque hubiera peligro de que él también se hubiera deslizado. Notamos el uso de tal expresión también en la carta de Pablo a los Efesios, donde distingue entre la condición perdida de judíos y gentiles, usando “nos” por identificarse con los judíos y “vos” (nosotros principalmente usamos “ustedes”) al hablar de los gentiles, como en Efesios 2:1-3: Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados … entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne…

La advertencia era hacia los posiblemente falsos profesantes entre los hebreos que profesaban ser cristianos, pues, en tiempos anteriores, la palabra dada por medio de los ángeles era fiel y segura. ¿Cuánto más la palabra de Dios hablada por el Hijo? ¿Y de cuál salvación hablaba el Señor Jesús cuando estaba aquí en el mundo? una salvación tan grande … La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.

No era la salvación de la gracia, pues eso esperaba el rechazo final de la nación de Israel cuando apedrearon a Esteban en Hechos 7. Así vemos que, en los primeros capítulos de Hechos, Pedro decía: Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Hechos 2:40. La perversa generación era la generación que rechazó a Jesús como su Mesías, y la salvación de la que Pedro hablaba era la salvación de la nación del dominio de los gentiles, para que Cristo volviera y estableciera su reino.

Leemos de lo mismo en el capítulo 3 de Hechos: Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado… Así, en estos primeros capítulos de Hechos, vemos que a los judíos se les predicaba el perdón de su inmenso pecado de rechazar a su Mesías y crucificarlo, y que, si así fuera, entonces los tiempos de refrigerio hubieran llegado con el reino de Jesucristo y su salvación de la servidumbre cruel a una nación gentil y pagana.

Esta predicación del reino será nuevamente predicada después del arrebatamiento de la iglesia, hasta la introducción del reino terrenal del Señor Jesucristo como Rey de reyes y Señor de señores.

Eso no quiere decir que esté mal usar este verso en la predicación del evangelio de la gracia, pues es verdad que ser negligente respecto de tal salvación llega a ser una tragedia que puede tener consecuencias fatales. Pero esa es una aplicación de los versos, y es importante tomar la Escritura en su contexto para captar su interpretación.

El apóstol sigue entonces con su comparación de la grandeza del Señor Jesús con los ángeles, pero en el sentido de Cristo como Hijo del hombre. Su comparación en el primer capítulo era en cuanto a su grandeza como Hijo de Dios. Como siempre, hablando con judíos conocedores de los Salmos, otra vez cita el Salmo 8. En aquel salmo vemos al hombre natural puesto sobre la creación de Dios, un lugar que los ángeles no tienen, pues son siervos de Dios y no fueron hechos para reinar. Pero nuestro Señor Jesús tiene un lugar más elevado que el hombre natural, pues está destinado a reinar sobre toda la creación y toda cosa creada, incluso sobre los mismos ángeles, tan admirados por los judíos.

Para el judío, la muerte era una cosa de derrota o fracaso. Así, Cristo muerto les parecía como si hubiera sido vencido. Los dos en el camino a Emaús, hablando con el mismo Jesús, dijeron: le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron. Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel… Lucas 24:20-21.

Jesús, en aquel capítulo, les abrió las Escrituras para ver que el Cristo crucificado no fue un fracaso ni una derrota, sino algo que las Escrituras anticipaban. Era una victoria, pues en la muerte de Cristo había cuatro ventajas de las que se habla en este capítulo. Por falta de tiempo, solo las menciono, y quizás en el siguiente estudio las profundicemos.

  1. Cristo vino para vindicar a Dios con respecto a la caída del hombre y para iniciar una nueva raza de hombres mediante la cual se cumplirían los propósitos de Dios.
  2. Cristo vino para anular (mejor palabra que destruir) el poder del diablo sobre el hombre por medio del temor que el hombre tiene a la muerte.
  3. Cristo vino para hacer propiciación por los pecados.
  4. Cristo vino como hombre para experimentar los dolores y tristezas de los hombres, para ser un sacerdote capaz de simpatizar con nosotros en nuestros desafíos humanos.

Dios mediante, veremos algo más sobre estos temas en el siguiente estudio.

Felipe Fournier
14 junio de 2026