Mateo 5: El sermón en el monte; preparación para el reino de Jesucristo

Léase por favor Mateo 5:1-11

Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo… Mateo 5:1

Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. Mateo 8:1

Entre estos dos versos, tenemos el Señor Jesús en el monte (a lo mejor, el monte de Olivos) proclamando los principios del reino de los cielos. A menudo este discurso ha sido llamado “el sermón sobre la montaña.” Se nota en general que los principios de aquel reino tienen muy poco en común con los requisitos de éxito en los reinos de la tierra. Por ejemplo, un ego tremendo y una autoconfianza sin límite es muy común en los políticos de los reinos terrenales, hasta necesario para sobresalir. ¡Cuan diferente es en el reino de los cielos! El Salmo 37 tiene un resumen de los mismos principios que el Señor desarrollaba aquí, con muchos más detalles. Salmo 37:11 Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz. ¡Piense usted del líder de su país donde vive y creo que estará de acuerdo conmigo que la humildad y mansedumbre no forman sus atributos más destacados!

Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Las “bienaventuranzas” son breves declaraciones de aliento del Señor con respecto al carácter y espíritu que el discípulo debe tener mientras espera el establecimiento del Reino de los Cielos en poder y en gloria. Sencillamente, la palabra quiere decir “feliz” o “dichoso.” Esta primera bienaventuranza pobre en espíritu es otra forma de expresar los resultados del arrepentimiento. Eso es siempre la forma de empezar en la carrera de uno que quiere conocer la felicidad, siguiendo al Rey. Reconocimiento de nuestra condición como pecadores ante Dios produce un espíritu de pobreza, o humildad. Es cuestión de reconocer la propia pobreza espiritual y la necesidad de Dios. Es un llamado a la humildad y a la dependencia de Dios, y a actuar como un mendigo ante Dios, algo que no es según la naturaleza humana. Se acuerda de los fariseos, lideres de Israel; Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan. Lucas 7:30 Rechazando el camino de arrepentimiento, ellos se descalificaron para el reino, y por supuesto, tampoco aceptaron a su rey. Pero desviamos de nuestro capítulo.

Si seguimos como salen estas bienaventuranzas, notamos que están en un orden particular. Después de la humildad, sigue las lágrimas. El judío, pobre en espíritu, reconociendo su propia flaqueza ante Dios, también reconoce la condición de su nación y por eso, llora. El profeta Jeremías es así conocido como el profeta llorón. Les dirás, pues, esta palabra: Derramen mis ojos lágrimas noche y día, y no cesen; porque de gran quebrantamiento es quebrantada la virgen hija de mi pueblo, de plaga muy dolorosa. Si salgo al campo, he aquí muertos a espada; y si entro en la ciudad, he aquí enfermos de hambre; porque tanto el profeta como el sacerdote anduvieron vagando en la tierra, y no entendieron. Jeremías 14:17-18

Justo después, sigue la mansedumbre, y notamos en particular que su galardón es “heredar la tierra”, haciéndonos recordar que, aunque son principios del reino de los cielos, el reino es terrenal y por eso no tiene que ver con la iglesia, cuya herencia es celestial. Tales personas, pobres en espíritu, llorando, mansos, tienen hambre por la justicia, y van a ser saciados cuando el Rey, Jesucristo, tomará su reino.

Se nota en todas estas características como ellas sobrepasan la ley de Moisés. Ojo por ojo dice Éxodo 21:24. (Hemos visto como la nación actual de Israel ha respondido al ataque del 7 de octubre, 2023.) Pero en el reino de Jesucristo, domina estas características maravillosas, siendo pacificadores y misericordiosos. Y el resultado, antes que el reino es establecido, es la persecución, pues los que rechazan al Rey Jesucristo, también van a rechazar y perseguir a los que le siguen y muestran sus atributos.

Hasta el verso 10, vemos que las palabras del Señor eran generales, acerca de los bienaventurados. El verso 11 cambia, y el Señor habla directamente a sus discípulos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan… Ya no es cuestión de sufrir por sus hechos de justicia, sino por seguir a Cristo mismo. Y el premio ya no es el reino, sino el cielo. Eso no trata de la iglesia y su porción celestial todavía, sino del martirio que iban a sufrir muchos de sus seguidores. Todos los que sufren la muerte por causa de Cristo tendrán una porción celestial. Añadimos que, durante la tribulación, los que son martirizados tendrán una herencia celestial. Nadie se resucite para vivir en la tierra.

Termino mencionando algo que acaso ha confundido a algunos. Sabemos que el evangelio presente que predicamos es llamado el evangelio de la gracia de Dios. Hechos 20:24 Pero justo después en el verso 25, Pablo dice entre quienes he pasado predicando el reino de Dios. Ya habiendo notado las características del reino, acaso entendemos mejor que no hay una contradicción aquí. Los que han creído el evangelio de la gracia, deben mostrar las mismas características morales que aplican al reino terrenal, pues vivimos aun en el mundo, aunque somos ciudadanos del cielo y tenemos una herencia celestial.

Felipe Fournier
9 febrero de 2025