Léase por favor Mateo 13:1-23
Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar.
Con esta frase, empieza nuestro capítulo y el cambio es destacado. En Lucas 13:35 el Señor Jesús dijo a la ciudad de Jerusalén He aquí, vuestra casa os es dejada desierta…
Así el Señor, al salir de la casa, nos habla de un cambio en su relación con la nación de Israel, tal como vimos su principio en los estudios sobre el capítulo anterior. El mar habla en figura varias veces en las escrituras de las naciones no judíos. Isaías 17:12 nos explica esto; ¡Ay! multitud de muchos pueblos que harán ruido como estruendo del mar, y murmullo de naciones que harán alboroto como bramido de muchas aguas.
No es que el Señor ya había dejado atrás a su nación, pero el carácter de su predicación ya no era hacia ellos como una nación privilegiada sino hacia el individuo con fe, con un corazón honesto, tal como vemos en la parábola del sembrador y la tierra buena.
La separación del Mesías de la nación de Israel ocurrió en fases. La primera fase empieza en nuestro capítulo, pues el Señor empezó a enseñar por medio de parábolas, específicamente por enconder la verdad de la nación sin fe. Este juicio era lo que llamamos “ceguera gubernamental.” Esto se explica en términos claros en Romanos 11, y citamos los versos 7 y 8; ¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos; como está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy.
Vale la pena leer el capítulo entero para captar la verdad que este tiempo de endurecimiento o ceguera no es por siempre jamás. Se ve en la parábola del sembrador en nuestro capítulo que la palabra va a ser sembrada y disponible al individuo de este punto para adelante. Aun con la nación de Israel, vemos que hay de este punto para adelante otra fase de oportunidad para la nación, aun después que mataron a su Mesías, de aceptar como una nación a Jesucristo. Pedro se los anunció esto en los Hechos 3:19-20 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado…
Esta oportunidad para establecer el reino en manifestación duró hasta el capítulo 7 de los Hechos, cuando apedrearon a Estaban, así sellando su rechazo de la palabra sembrada, primeramente por el Señor Jesús y después por sus siervos los apóstoles. Aun así, demoraba el juicio profetizado por otra fase de 40 años, cuando el general Tito destruyó a Jerusalén, matando a miles de sus habitantes y echando la nación fuera de su tierra por casi dos mil años.
Volviendo a nuestro capítulo y la parábola del sembrador; ¿Cómo se entiende los varios tipos de tierra? En cada caso de los primeros tres, lo que hace falta es la tristeza que viene cuando uno reconoce sus pecados y la gravedad de su condición ante Dios. El Espíritu de Dios araba la tierra en las conciencias de los tres mil de Hechos 2, al oír la palabra sembrada por Pedro Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros…
Esta era tierra buena, y producía su fruto, hasta entre los sacerdotes; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.
Hechos 6:7
Un ejemplo de la tierra infértil vemos en Hechos 8, en el mago Simón. También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito.
Felipe, obviamente, pensaba que había una obra verdadera en su corazón, pero un poco más tarde, se reveló que no había en él arrepentimiento. Pedro le dijo Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad…
Así en los tres ejemplos de tierra, hay una variedad de reacciones y obstáculos, sea persecución o los afanes de la vida o las riquezas mundanas, sin embargo, hace falta una obra verdadera del Espíritu Santo para la salvación.
Los discípulos quedaron maravillados del cambio en la enseñanza del Señor, y no de una vez entendían que el reino ya no iba a ser en manifestación, sino en misterio. Cuando decimos que es el reino en misterio, queremos indicar que no hay un reino visible en poder y autoridad. Si hay el rey sentado a la diestra de Dios, y nosotros por fe reconocemos que aquel hombre con las heridas en sus manos y pies es Rey de Reyes y Señor de Señores, y pronto va a manifestarse. Entre tanto, el Señor hablaba de reino de los cielos en semejanzas, empezando con la semejanza de la cizaña en el verso 24. Esto guardamos para la semana que viene, si el Señor no viene antes.
Felipe Fournier
22 junio de 2025