Mateo 21, segunda parte: La higuera sin fruto, la autoridad de Jesús cuestionada

Léase por favor Mateo 21:18-32

Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.

En el capítulo 7 de nuestro evangelio, en la predicación del Señor Jesús en el principio de su ministerio, leemos todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos … Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. Mateo 7:17-20 Ya en la última semana de su vida terrenal, el Señor Jesús con hambre que representa el deseo de Jehová Dios tener gloria de su pueblo, solo halla hojas solamente. Las hojas representan la profesión de la nación de ser el pueblo del Dios verdadero, con su templo y cultos religiosos. Pero no había nada de fruto para Dios, manifestado en su rechazo del Mesías verdadero. Y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera. Faltaba poco el cumplimiento de la profecía representada en la higuera seca. Menos de cuarenta años después de la muerte y resurrección de Jesús, los romanos botaron los judíos de su tierra, derribando y destruyendo su templo, eliminando su profesión de adorar al Dios verdadero en Jerusalén.

La higuera es una figura de Israel en el antiguo testamento, empezando con la primera parábola en la escritura, hablado por el único hijo de Gideon que escapó la muerte por su cruel hermano Abimelech, Jotam. (Jueces 9). Menos conocido es la figura de la nación como una montaña. Pero el Señor, hablando a sus discípulos en medio de su extraña perturbación acerca de la higuera seca (cosa poco entendible, dado todas las maravillas que el Señor había hecho en su vista por tres años y medio) les habla de la fe para echar la montaña en la mar. Pero es otra figura de Israel, echado por el momento en la mar, hablándonos la mar del mundo de los gentiles donde la fe iba a resultar en la salvación de muchos en poco tiempo. No había fe en la nación para aceptar su Mesías, así que, ambos la higuera y la montaña nos habla de la pausa en la manifestación del reino de los cielos en su gloria y poder. La montaña echada en la mar igualmente tenía su cumplimiento en el año 70, en la destrucción de Jerusalén, anteriormente mencionada. El hombre de fe es aquel que penetra en las realidades que Cristo ha introducido, y tales personas pueden orar con la confianza de recibir lo que piden, según lo dicho por Jesús en el verso 22; Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis. Haciendo referencia otra vez al libro a los Hebreos, vemos en el capítulo 11, la gran importancia en todo tiempo de la fe en Dios. Por la fe entendemos… Hebreos 11:3

En la siguiente parte del capítulo, los principales sacerdotes (principalmente los saduceos tan infieles) y los ancianos se sientan, correctamente, que Jesús hablaba con una autoridad que ellos desconocían. Eso notábamos en el sermón en el monte de los Olivos, otra vez en Mateo 7:29 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Pero ya después de más de tres años de las pruebas abundantes del Mesías prometido en medio de ellos, y sin haber repentido ellos, no tienen derecho de preguntar acerca de su autoridad. Acaso pensamos que era nada más astucia del Señor Jesús preguntándolos sobre el bautismo de Juan. Claro que Jesús sabía que ellos iban a ser confundidos por la pregunta; El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos se refugiaron en la ignorancia, sabiendo que no podían contestar según su deseo, eso es, que Juan tampoco tenía autoridad. Pero el pueblo de publicanos y pecadores que habían venido a Juan en arrepentimiento para ser bautizados allí estaban escuchándolos, y no se atrevían de decirlo. Así dicen no sabemos. Su profesada ignorancia también les dejaba sin poder o autoridad de hacer preguntas al Señor Jesús. Pero más de eso, el Señor les estaba presentando la triste verdad de su condición. En el verso 31 y 32, presentándolos Jesús otra parábola, leemos Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle. Su problema era exactamente eso, que no arrepintieron, bautizándose con el bautismo de Juan. Por eso, el Señor les hizo la pregunta sobre el bautismo de Juan. El primer paso a conocer a Jesús es el arrepentimiento. Sobre pasando este punto, no era posible cuestionar a Jesús sobre la autoridad con que hablaba.

En la parábola de los dos hijos, vemos el ejemplo otra vez del contraste entre los pecadores arrepentidos y el liderazgo de Israel. Ellos, como el árbol con solo hojas, decían como el segundo de los dos hijos si, señor, voy. Pero no, no andaban para nada en obediencia a Dios. Eran solo palabras vanas pues no iban, mientras los arrepentidos, antes desobedientes y pecadores, arrepintieron y creyeron en Jesús. Así entraron en el reino de Dios en misterio. Eran los que, en Hechos capítulo 2, se bautizaron en el nombre de Jesús, así separándose de la perversa generación con puras hojas, la montaña que dentro de poco tiempo iba a ser lanzado en la mar.

Felipe Fournier
16 noviembre de 2025