Mateo 9: El poder del Mesías Jesús para perdonar los pecados

Léase por favor Mateo 9:1-17

Vimos como el diablo, habiendo perdido la influencia sobre los dos hombres, influenciaba a los habitantes de aquel lugar que no aceptaren a Jesús como su Mesías. Los gadarenos, por haber perdido sus cerdos y así sufrían económicamente, habían pedido que Jesús se fuera de su pueblo. Y, Jesús se fue. Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado… Me hace pensar del contraste de los dos, en el día de la resurrección, querían todo lo contrario. Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros … Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? Lucas 24:28-32 ¡Que hoy día sea así con nosotros, valorando sobre todo la compañía de nuestro Señor Jesucristo!

Ahora vemos en nuestro capítulo el poder de Jesús para perdonar los pecados. No es precisamente el perdón de pecados que vemos después de la muerte y resurrección de Jesucristo, el perdón que nosotros disfrutamos, un perdón eternal. Les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Lucas 24:46-47 El perdón aquí era perdón por pecados que habían producido su condición actual, y así anticipó su curación de la enfermedad. Lo llamamos “perdón gubernamental” y es el mismo perdón que vemos en 1 Juan 1:8-9 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

Los incrédulos lideres de Israel lo llamaban blasfemia, y así hubiera sido si no fuera por la verdad de quien era Jesús, Jehová manifestado en carne. Salmo 130:3-4 nos dice JAH, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado. Sus pensamientos eran pecaminosos, pues negaban la persona que estaba justo en su presencia. El acto de perdonar los pecados fue invisible, y por eso quizás era más fácil decir sin pruebas, pero Jesús no iba a parar allí, sino procedió de decirle al paralitico que se levantara y caminara, así probando su autoridad y poder como Mesías de Israel. Los Salmos anticipan el reino de Jesucristo, donde Israel podrá decir Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias. Salmo 103:1-3

Mateo entonces nos cuenta como hablando de otro alguien de su propia conversión y fe en el Mesías de Israel. Era rico, creemos, por su trabajo odiado de los judíos de ser siervo de los Romanos, pero usaba su riqueza ahora en el servicio de Jesús, invitando a una multitud de los mismos publicanos a su casa, que se supone era una casa grande y quizás lujosa. Los fariseos, habiendo sido probados anteriormente por ser inútiles para ayudar al pueblo, ahora critican a Jesús a sus discípulos ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Ellos, los discípulos, a lo mejor, no sabían cómo contestar, pero Jesús contestaba por ellos. Su defecto de los fariseos era que su piedad era de todo el exterior, y no se consideraban pecadores. Jesús cita al profeta Oseas. Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos. Oseas 6:6 Ellos podían hacer sacrificios y otras cosas externas, pero una y otra vez se muestran que su corazón está lejos de Dios y desconocían por total el amor de Dios. No tenían misericordia, ni por el paralitico ni por los pobres pecadores que eran los publicanos. Tomaban por si mismo la actitud de no ser necesitados del médico divino, y así perdieron la bendición de aquel mismo.

Pero hay otro grupo que también no entiende a Jesús, y ellos eran discípulos de Juan Bautista. No formaban parte de los fariseos que eran sin arrepentimiento, aunque hacían su pregunta como si faltaban de entender que los discípulos de los fariseos ayunaban, no por Dios, sino por ser visto de los hombres. ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? Era una pregunta honesta, y el Señor los contesta honestamente, hablando de la diferencia. Los discípulos de Juan ayunaban por mostrar su arrepentimiento, algo admirable, pues lamentaban la condición de la nación. Los discípulos de Jesucristo no ayunaban pues tenían a la presencia del mismo Rey de Israel con ellos. Pero Jesús anticipa el cambio de dispensación y la imposibilidad de mezclar los dos. La tela nueva y el vino nuevo hablan en figura de la venida del cristianismo y su diferencia completa de la dispensación de la ley. Faltaba su revelación en aquel momento, y así los discípulos gozaban de la presencia de su Mesías. Nosotros, en su ausencia, debemos practicar el ayuno, no solo de comida sino de la abnegación de los placeres de este mundo en el servicio de nuestro Señor ausente. El cristianismo no ha aprendido la lección y siguen mezclando el viejo con el nuevo, con sus instrumentos de música, con sus templos grandiosos, con su clase sacerdotal, y con su vistazo terrenal, metiéndose en la política mundana y buscando mejorar a este mundo perdido.

Felipe Fournier
20 abril de 2025