Léase por favor Mateo 24:45-51,Mateo 25:1-13
Se nota que hay un cambio destacado, mientras el Señor sigue con su discurso a sus discípulos. Como hemos visto, aunque ellos si representan al remanente de Israel, fieles al Señor Jesús en un día aun venidero, también ellos iban a formar los primeros miembros de la iglesia en la época cristiana. Vemos el Señor ya no hablando del sábado, ni de la predicación del evangelio del reino, y sobre todo, ya no se cita nada de la profecía del antiguo testamento. La iglesia era un misterio en el antiguo testamento. Decimos “misterio” en el sentido que no se menciona en la profecía, aunque si se ve en varios prototipos, como José en su tiempo de rechazo y olvido de sus hermanos, con una esposa gentil.
Esta parte de la profecía de Jesús, como mencionamos al principio del primer estudio sobre Mateo 24, empieza con el verso 45 de nuestro capítulo y sigue hasta el verso 30 del capítulo 25, aunque en este estudio solo pienso ver los dos primeros relatos. Dos de ellos, empezando en el capítulo 25, son semejanzas del reino de los cielos. Podemos, quizás, resumir los tres relatos en tres conceptos; la fidelidad, la vigilancia y la utilidad.
La cuestión de fidelidad toca a nosotros en el día de hoy. ¿Qué clase de comportamiento nos conviene como hijos de Dios y miembros del cuerpo de Cristo en la ausencia de nuestro Señor? Hay dos tipos de siervos en la ilustración, y uno, siendo verdadero cristiano, es fiel; el otro, siendo nada más un profesante, es malo. Pero de todos modos, es posible que unos que son verdaderos se comportan como si no fueron. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.
Interesante la expresión les dé el alimento a tiempo.
Pensamos, quizás, que el siervo fiel ha de estar predicando el evangelio de la gracia, y eso es muy cierto. Sin embargo, el ejemplo dado aquí de fidelidad o la falta de fidelidad trata con el comportamiento para con la casa, y me parece que esto puede incluir la casa familiar como también la casa espiritual, o sea, la asamblea. ¿Estamos alimentando a nuestra familia en casa con la palabra de Dios? Y no solo la palabra leída, sino la obediencia a la palabra que se ve en nuestras vidas actuales. ¿Qué tal en la asamblea de los santos? ¿Buscamos la forma, según la capacidad que el Señor nos ha dado, de mostrar fidelidad y ánimo a nuestros hermanos en Cristo? Alimento a tiempo
también es algo interesante. Me acuerdo de una vez en la Republica Dominicana, hace varios años, que me contaron de un hermano que había venido del extranjero. Había ciertas clases de inquietudes en una asamblea y no sabían que hacer. No conociendo nada acerca de los problemas en aquel lugar, el hermano, sin duda por la guía del Espíritu Santo, hablaba sobre precisamente el tema que los había confundido. Se solucionaron las inquietudes que habían tenido por la enseñanza de aquel siervo bueno. Esto, para mí, es un ejemplo de alimento a tiempo.
Se necesita un caminar con el Señor para poder ejercitar esta capacidad.
Se nota que hay un galardón por el siervo fiel. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá.
Veremos esto igual en el tercer relato, y estos regalos siempre están relacionados con el milenio. Como las varias coronas que se menciona en las epístolas, nos son dados como un ánimo para ser fieles siervos en este día del rechazo de nuestro amado Señor y Salvador.
Sigue la desgracia del siervo infiel. Vemos que no puede ser un verdadero creyente en el Señor, pues su fin es juicio. Pero a la vez, hay que tomar en cuenta las consecuencias de decir en el corazón Mi señor tarda en venir.
En el relato, el siervo malo empieza a maltratar a sus consiervos y emborracharse. El borracho pierde el sentimiento, y según lo que me cuentan (por la gracia de Dios no tengo experiencia) al despertar de su borrachera, no sabe lo que ha hecho. Es una advertencia a nosotros, creyente de verdad, no emborracharnos espiritualmente por olvidar que nuestro Señor puede venir en cualquier momento. Como nos dice en 1 Juan 3:2-3 sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.
Ahora nos toca en capítulo 25 el tema de la vigilancia. A lo mejor, muchos de mis lectores u oyentes (dependiendo si usted o está leyendo o escuchando este estudio) ya conocen bien la semejanza de las diez vírgenes. Es destacado en su diferencia con la manifestación del Hijo de hombre, pues vemos que es una boda, y viene el novio. El novio es muy diferente que el ladrón en la noche.
Estos versos nos hablan de la promesa del Señor de venir por su iglesia en el arrebatamiento. También vemos que enseña algo importante sobre el transcurso de años desde que el novio haya estado ausente. Son cinco prudentes y cinco necias o insensatas. Las prudentes tienen aceite en sus lámparas, que nos habla del Espíritu Santo morando en los verdaderos creyentes. Se ve en ilustración, pues en esta época, justo en la semana antes de la cruz, los discípulos aun no sabían de la promesa de la venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés para morar en ellos para siempre. El Señor si lo enseñaba en su último discurso en Juan 14-16. Todas tienen lámparas, y las lámparas nos habla de profesión. Pero uno que solo profesa, acaso bautizado, pero no creyendo de verdad, tiene su lámpara pero no tiene aceite, no tiene el Espíritu Santo. Todas dormían, no solo las que faltaban aceite, y eso nos habla de la pérdida de la esperanza de la venida del Señor por tantos siglos. A media noche había una llamada que despertó a las dormilonas. ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!
Damos gracias a Dios por haber levantado un testimonio hace ya dos cientos años, reviviendo la verdad de 1 Tesalonicenses 4:15-18.
Continuamos con este tema en el siguiente estudio.
Felipe Fournier
18 enero de 2026