Hebreos 2, segunda parte: Las grandes ventajas de la vida, muerte y resurrección de Cristo

Léase por favor Hebreos 2:5-13

Aunque sé que lo he dicho antes, vuelvo a repetir que no conozco otros idiomas más que inglés y español. Pero, con la ayuda de otros más instruidos, encontré algo que me parece importante mencionar sobre la cita del Salmo 8: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre, para que le visites? Entiendo que hay dos palabras usadas aquí para hacer referencia al hombre caído, en contraste con el Hombre santo, Jesucristo. El hombre en la primera referencia es cualquier otro descendiente de Adán con su condición bajo el dominio del pecado. Entiendo que la palabra en hebreo es “Enosh”. La segunda vez, cuando dice Hijo del hombre, la palabra es “Adam”. El término no conlleva las connotaciones de “Enosh”. Esto significa que, cuando Cristo visitara a la raza humana al hacerse hombre, no lo haría en el estado degradado de “Enosh”. Es demasiado importante entender que Cristo, como hombre, no tenía la naturaleza caída del hombre natural. Me da pena cuando escucho a personas, supuestamente instruidas en las Escrituras, decir que Cristo fue tentado por el pecado, aunque no pecó. Las tentaciones del Señor Jesús, Hijo santo de Dios e Hijo del Hombre también, eran externas y nunca internas, como sucede con nosotros.

Notamos en el estudio anterior que uno de los cuatro motivos por los que Cristo fue hecho hombre era iniciar una nueva raza de hombres por medio de la cual Dios podría completar sus propósitos. Eso lo encontramos en los versículos 10-12: Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos. Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos… Hecho hombre, un poco menor que los ángeles, vemos a Cristo descendiendo del cielo y pasando por debajo de los ángeles. Pero al ascender de entre los muertos, lo vemos pasando otra vez por encima de los ángeles para sentarse a la diestra de la Majestad en los cielos, un lugar que los ángeles nunca tuvieron ni tendrán. El propósito de Dios siempre fue que el hombre tuviera el lugar preeminente en su creación, con el fin de reinar en el reino milenial. Pero, en su estado caído, el hombre se había descalificado para aquel lugar. Al resucitar de entre los muertos, Cristo llegó a ser la cabeza de la nueva raza de hombres de la nueva creación, plenamente capaz de gobernar en el mundo venidero.

Volviendo un poco atrás, leemos: Vemos … a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos. Naturalmente pensamos en su muerte por nosotros, pero en verdad la expresión por todos se traduce mejor como “por todas las cosas”. El Salmo 8 es un salmo milenial que anticipa el reino de Jesús sobre el mundo. Sin embargo, el Antiguo Testamento no llega a tocar las cosas celestiales. La gloria de Jesucristo incluye los beneficios de su muerte para la creación completa, no solo la redención del ser humano.

Vemos en el versículo 10 la expresión perfeccionase por aflicciones. ¿Era entonces el Hijo de Dios, de alguna forma, “imperfecto” antes? Para nada, pues la expresión lleva más bien el sentido de “completar”, otro tema que vemos tan destacado en esta carta. Como Hijo del Hombre, Cristo pudo completar los propósitos de Dios de una forma imposible si hubiera permanecido solamente como espíritu, el Hijo eterno de Dios.

Vale la pena mencionar el orden manifestado otra vez en las citas del Antiguo Testamento, haciendo referencia a los creyentes como sus hermanos. Romanos 8:29 nos enseña: Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. La relación de los muchos hermanos con Cristo nos da el entendimiento de la nueva creación. Como fue dicho de la mujer, hecha por Adán y totalmente distinguida de los animales, somos una nueva raza de hombres, idónea para el compañerismo con Cristo por la eternidad. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Genesis 2:23. Se nota que el Señor Jesucristo es el primogénito entre muchos hermanos, y puede llamarnos sus hermanos; sin embargo, esto no nos da el derecho de llamarle a Él “nuestro hermano mayor”, como algunos sugieren. El lugar de preeminencia es suyo, y nosotros veremos su gloria en aquel día. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. Juan 17:24.

Para terminar este estudio, quiero notar algo destacado según el carácter singular de la carta a los Hebreos. Se cita el Salmo 22:22: Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré. Cuando nosotros pensamos en la congregación, a menudo la vemos desde el punto de vista del Nuevo Testamento, donde principalmente la congregación se refiere al cuerpo de Cristo, lo que llamamos “la iglesia”. Pero en la Epístola a los Hebreos, el apóstol no llega a expandir sobre el tema de Efesios o Colosenses. La palabra congregación en el Salmo 22 se refiere a la totalidad de la hueste celestial de santos de los tiempos del Antiguo y del Nuevo Testamento que serán resucitados y glorificados en un día venidero. La Iglesia era un misterio no revelado en el Antiguo Testamento, y el punto principal de la carta a los Hebreos era enseñar a los judíos de profesión cristiana las cosas mejores del cristianismo, sin entrar en algunos puntos tan importantes desarrollados en otras cartas dirigidas a la Iglesia como cuerpo de Cristo, compuesta tanto de judíos como de gentiles salvos por gracia.

Sé que vamos lentamente por esta carta, pero hay abundancia de puntos importantes que debemos entender, y por eso creo que vale la pena una reflexión más pausada. Continuaremos, Dios mediante, en el siguiente estudio, meditando sobre los tres motivos restantes de los sufrimientos, la muerte y la resurrección de Cristo que nos enseña este capítulo 2 de Hebreos, un lugar que los ángeles nunca tuvieron ni tendrán.

Felipe Fournier
21 junio de 2026


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