Léase por favor Mateo 26:30-54
Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.
Por muchos años leí este verso sin distinguir su significado. Según los más dotados que yo, este himno es los Salmos 113 hasta el 118. Vemos en el establecimiento de la cena la época cristiana, pero el cantar el Salmo nos habla del regreso a la nación de Israel después de la época cristiana. Pero hay otra cosa que me ha ocurrido, leyendo los salmos. El verso 27 del Salmo 118 dice así: Jehová es Dios, y nos ha dado luz; Atad víctimas con cuerdas a los cuernos del altar.
¿Para qué atar las víctimas con cuerdas? Pues, de otro modo tratarían de escapar. Sin embargo, vemos al Señor Jesús en nuestro capítulo yendo a la cruz con ojos abiertos, podemos decir. Él se hizo la víctima sin retroceder. Es impresionante pensar del Señor Jesús así cantando en esta caminata hacia la cruz y su muerte cruel.
Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado…
Las palabras clave aquí tienen que ver con la resurrección de los muertos, que debería haber dado a los discípulos gran consuelo, enfrentando el odio maligno del liderazgo de Israel. Sin embargo, en este momento sus pensamientos no andaban por aquellas líneas, sino pensando en si mismo, pensaron como no iban a huirse. Pedro era el más destacado en este sentimiento. Se declaraba superior en su amor por el Señor que los demás; Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.
¡Pobre Pedro! Lleno de autoconfianza, iba en un camino hacia una vergonzosa caída.
A pesar de esta declaración vanidosa y auto confiado de Pedro, el Señor le tomó junto con Juan y Santiago al jardín de Getsemaní. Era de noche y ellos se sentían cansados. Mientras el Señor agonizaba, contemplando la agonía de la cruz y el pago tan grande que iba a hacer por nuestros pecados, ellos se durmieron. Si contemplamos la trayectoria de Pedro, vemos que su caída no era de una vez. Primero, lo encontramos criticando a María por haber derramado su ungüento sobre el Señor (aunque sabemos que era Judas que inició la queja). Después, lo vemos jactando que iba a ser más fiel que todos los demás. Aquí en el jardín lo vemos durmiendo. En poco tiempo lo vemos peleando con su espada, haciendo más trabajo por el Señor de curar su daño. Después, lo vimos calentándose con los enemigos del Señor alrededor de la fogata, tratando de fingirse como uno de ellos. Finalmente, él hace lo que dijo que nunca iba a hacer, negando al Señor con maldiciones.
Pero dejando a un lado el fracaso del discípulo para mirar la perfección de Jesús, lo vemos agonizando, atacado por Satanás como león rugiente. Había venido en el principio de su ministerio como la serpiente con engaño, pero nos dice en Lucas 4:13 Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo.
El tiempo de regreso del enemigo había venido. Nunca había Jesús como hombre desobedecido a su Padre. ¿Podría Satanás entonces tentarlo para desobedecer y rehusar esta copa, la copa de ira? En agonía, nos dice, Jesús oró Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.
Pero sabemos que no era posible y así el Señor ora al fin Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.
Sentimos que andamos aquí en tierra santa, pensando y meditando como nos dice en Filipenses 2:8 Y estando en la condición como hombre, se humilló á sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Mientras los discípulos dormían, Judas estaba ocupado en algo mucho más serio. Guiando a los enemigos del Señor, se acerca con palabras de traición ¡Salve, Maestro!
El Señor, cuyo amor no había cambiado por su discípulo falso, le contesta con palabras que debería haber derretido su corazón, si no fuera que se había entregado ya a Satanás a través de su avaricia. Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes?
¿Cómo pudo contestar aquella pregunta? “He venido porque lamento la pérdida del dinero que fue perdido cuando María derramó su ungüento costoso sobre tu cabeza.” No, quedó callado y Jesús fue arrestado. Pedro sacó su espada para pelear y Jesús responde, después de curar al siervo herido (Lucas 22:51) diciendo ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?
Marcos nos cuenta que había un solo ángel con Jesús en el jardín, fortaleciéndolo contra el ataque de Satanás. Pero tenía disponible más de doce legiones de ángeles, pero no fueron llamados. No, nada iba a estorbar el Señor de la senda hacia la cruz. La cosa había sido establecida desde la eternidad pasada y profetizada por los profetas. La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?
Juan 18:11
Continuamos con la senda del Señor hacia la cruz en el siguiente estudio, Dios mediante.
Felipe Fournier
1 marzo de 2026