Mateo 26, última parte: La prueba injusta, Pedro lo niega a Jesús

Léase por favor Mateo 26:54-75

¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?

Los discípulos si habían estudiado las escrituras. Vemos en Lucas 24:21 su mente y pensar en pocas palabras; Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel. Hay que tener en cuenta que tal promesa de muchas profecías ha de ser cumplido. Pero mientras, los profetas habían profetizado también de los sufrimientos del Cristo, y no una sola vez. El más destacado se encuentra en Daniel 9:26; Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario… Lo que se traduce mas no por si mejor se traduce “no tendrá nada” que quiere decir que el Mesías no iba de una vez heredar o tener su reino. Daniel así había profetizado del reino terrenal postergado. Sin embargo, quizás como nosotros, los discípulos habían leído los profetas con sus ideas de la gloria de la nación destacadas, dejando a un lado la parte acerca de los sufrimientos del Mesías, hasta su muerte. Se quitará la vida al Mesías sale difícil ignorar, pero así fue.

Vemos entonces su debilidad humana de los discípulos. Sin acepción, se fueron huyendo. El Salmo 69 nos dice como esto afectaba al Señor Jesús. El escarnio ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado. Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo; y consoladores, y ninguno hallé. Pedro después volvió, pero siguiendo la carrera que notamos en el estudio anterior Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote. De lejos tiene doble sentido; era lejos de distancia y a la vez, lejos en su corazón.

En el patio del sumo sacerdote vemos revelado la corrupción y tragedia del liderazgo judío. ¿Cuál prueba honesta empieza con los mismos jueces buscando falsos testigos? Eran confundidos en su búsqueda, pues aunque vinieron muchos, se ve por Marcos 14:56 Porque muchos decían falso testimonio contra él, mas sus testimonios no concordaban. Que estaban desesperados en su búsqueda, vemos en los testigos que mal repetían los que Jesús había dicho en Juan 2:19 Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo. Esto no era lo que Jesús dijo, pues él había dicho Destruid este templo, algo que ellos habían empezado a hacer, poniéndolo a muerte. Pero, ¿Qué clase de crimen era eso? Al darse cuenta de que tal acusación no se sostendría en ningún tribunal, especialmente un tribunal Romano donde la sentencia de muerte tendría que ser pronunciado, el sumo sacerdote intentó condenar al Señor desde una perspectiva diferente. Lo conjuró por el Dios viviente para que dijera al concilio si Él era verdaderamente el Cristo, el Hijo de Dios. Bajo juramento, el Señor dijo: Tú lo has dicho que quiere decir “Es como dijiste.” Pero no terminando allí, el Señor añadió que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. ¿Un hombre a la diestra de Dios? Por nosotros, creyentes en Jesús como nuestro Salvador, tal dicho nos debe llenar con alabanza, pensando del lugar elevado que tiene nuestro Señor Jesús justo en este momento. El apóstol Pablo menciona este lugar en sus varios aspectos siete veces en sus cartas y pongo las referencias aquí por su meditación personal. Romanos 8:34, Efesios 1:20, Colosense 3:1, Hebreos 1:3, Hebreos 8:1, Hebreos 10:12, y Hebreos 12:2. Jesús, al identificarse como el Hijo de Dios y el Hijo del Hombre, el Señor indicó su deidad.

El sumo sacerdote, ofendido por escuchar tal pronunciación tan claro y atrevido, rasgó sus vestidos. Levítico 21:10 es muy específico acerca de la conducta del sumo sacerdote, y vimos anteriormente lo escrupuloso eran estos lideres en cuanto lo minucioso de la ley. Y el sumo sacerdote entre sus hermanos, sobre cuya cabeza fue derramado el aceite de la unción, y que fue consagrado para llevar las vestiduras, no descubrirá su cabeza, ni rasgará sus vestidos… Al ponerse de cometer homicida, vemos como la maldad de sus corazones salió. Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte! Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó. ¿Cuál de nosotros aguantaría tal tratamiento, estando con el poder de llamar doce legiones de ángeles? Pedro, quien en pocos minutos había de negar su Señor, después escribió el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente. 1 Pedro 2:22-23

Podemos imaginar que Pedro, años después escribiendo estas palabras, recordaba su propia conducta en aquel momento. En Jesús, no se halló engaño en su boca. Pero de la boca de Pedro salió engaño. No conozco al hombre. Jesús no respondía con maldición; Pedro comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Su carrera había llegado a su colmo triste, y a su favor vemos el reconocimiento de tal partido. Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente. Justo había empezado la obra de arrepentimiento en su corazón. No era el remordimiento de Judas, sino arrepentimiento de un creyente sincero pero distanciado.

Felipe Fournier
8 marzo de 2026

Romanos 8:34 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

Efesios 1:20 La cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales

Colosense 3:1 Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.

Hebreos 1:3 El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las altura

Hebreos 8:1 Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos

Hebreos 10:12 Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dio

Hebreos 12:2 Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.