Hebreos 1, segunda parte: Cristo superior a los ángeles

Léase por favor Hebreos 1:5-14

Como mencionamos en la introducción, los judíos (menos los saduceos) admiraban mucho a los ángeles. Fue un ángel quien impidió que Abraham sacrificara a Isaac. Abraham dijo a su siervo que Jehová iba a enviar su ángel delante de él para prosperar su viaje en busca de una esposa para Isaac. En Genesis 48:15-16, en su bendición a los hijos de José, Jacob dijo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día, el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes… Fue un ángel quien apareció a Moisés en la zarza que ardía sin consumirse, y la promesa de Dios para su jornada hacia Canaán era: He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él. Éxodo 23:20-21.

Hasta el tiempo del Señor Jesús aquí en la tierra, había un ángel que seguía ministrando al pueblo de Israel, a pesar de cuán lejos estaba de su Dios. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. Juan 5:4. Hay más ejemplos, pero quizá esto sirva para entender cómo los judíos que profesaban el cristianismo tenían miedo de perder la administración y el socorro de los ángeles.

El apóstol entonces dedica varios versículos del Antiguo Testamento para demostrar cómo Cristo era superior a los ángeles en todo sentido y, además, que el socorro de los ángeles seguía siendo el mismo que antes en la época de la salvación por Jesucristo en gracia. Vale la pena reflexionar sobre el versículo 5: Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy…? La cita es del Salmo 2:7. Hay, desgraciadamente, quienes enseñan que este versículo indica que este Ser divino y eterno solo llegó a ser Hijo cuando nació en Belén. Pero no es así, pues la expresión Mi Hijo eres tú aparece antes y está en tiempo presente; Jesús era Hijo desde la eternidad y lo será para siempre jamás. La segunda parte Yo te he engendrado hoy habla de su encarnación como hombre. Pero el punto principal del apóstol es que Dios nunca llamó “Hijo” ni siquiera al ángel más exaltado. El Salmo 2 nos enseña, en su contexto, que Cristo, al entrar en el mundo, tiene un lugar mucho más exaltado que los ángeles.

Algunos quizá dirían: “Pues, los ángeles son llamados hijos de Dios varias veces en el Antiguo Testamento.” Eso sí es cierto; un ejemplo sería Job 1:6: Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás. Pero nunca uno fue llamado mi Hijo; y después de la muerte y resurrección de Cristo Jesús, los ángeles ya no tienen tal título. Leemos en Gálatas 3:26: pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Así, el título o posición de hijos de Dios ya no pertenece a los ángeles, sino a los que tienen fe en el Señor Jesús. Como Hombre resucitado y glorificado, Cristo es la cabeza de una nueva creación: pecadores salvos por gracia que han sido elevados a este lugar.

El apóstol sigue el mismo argumento a lo largo del capítulo 1, añadiendo citas de 2 Samuel 7:14 acerca de la relación entre el hijo de David (Salomón en aquel entonces) y Jehová, profetizando la venida de un hijo de David mucho más elevado que Salomón. Además, vemos que los ángeles nunca eran objeto de adoración; pero, según el Salmo 97:7, los ángeles tienen que rendir culto al Hijo. Póstrense a él todos los dioses. (J. N. Darby tiene una nota indicando que el sentido de la palabra usada se aplica a ángeles y no a los falsos dioses de los paganos, que obviamente no tienen capacidad para hacer nada, mucho menos rendir adoración).

Según la siguiente cita (Salmo 104:4), Jesucristo es el Creador de los ángeles, pues son “sus ángeles”. El Salmo 45:6 nos dice que el Hijo, llamado Dios, tiene un trono. Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de justicia es el cetro de tu reino… Los ángeles nunca aparecen sentados en tronos, pues son siervos, y siervos del Hijo, Jesucristo. El Hijo tiene una existencia eterna; además, es el mismo Creador, según la siguiente cita del Salmo 102:25-27: Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanecerás…

Por último, el apóstol cita el Salmo 110:1: Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Es el mismo versículo que nuestro Señor Jesús usó para confrontar a los líderes de Israel. Lucas 20:44: David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo? El Hijo de David es también su Señor, pues tiene existencia eterna, y en nuestro capítulo vemos su preeminencia sobre los ángeles en estas siete citas del Antiguo Testamento.

Nuestro capítulo termina asegurando a aquellos judíos cristianos que no habían perdido nada al creer en Cristo, pues los ángeles siguen siendo espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación.

El tema de la superioridad de Cristo sobre los ángeles continúa en el siguiente capítulo. Lo dejamos para otro estudio.

Felipe Fournier
7 junio de 2026