Léase por favor Hebreos 4:12-16
El verso 12, muchas veces memorizado por los niños y usado en el evangelio, parece quizás un poco chocante en el contexto del reposo eterno y de la superioridad de Jesús sobre Moisés y Josué. En verdad, empieza otro párrafo, pero el tema es el mismo. La Palabra de Dios es poderosa para mantenernos en la senda que nos lleva a entrar en el reposo de Dios. Después siguen dos cosas más que nos ayudan a alcanzar este fin: el sacerdocio de Jesús, el Hijo de Dios, y el trono de la gracia, al cual podemos acercarnos por medio de la oración, un privilegio de cercanía con Dios que nunca fue posible bajo el antiguo sistema de culto terrenal.
Meditemos brevemente sobre el verso 12: Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
Recordamos cómo el Señor Jesús, antes de empezar su ministerio de tres años y medio aquí en la tierra de Israel, fue tentado por Satanás. ¿Cómo respondió Él a esas tentaciones? ¿Acaso dijo: «Yo soy Dios y tú eres Satanás; vete de aquí»? No, claro que no. Respondió como Hombre santo, usando la Palabra viva y eficaz para derrotar a Satanás, del mismo modo que nosotros podemos hacerlo.
Me acuerdo de una historia de dos jóvenes en una clase de la escuela, donde un profesor arrogante de ciencias desafió a dos estudiantes cristianos sobre el tema de la evolución. Uno respondía únicamente con las Escrituras. El profesor no podía responder al poder de las Escrituras. El otro trató de defender la Biblia con la ciencia, pero no tenía el conocimiento suficiente para enfrentarse a la habilidad del profesor y se encontró en dificultades. No estoy diciendo que no se pueda defender la Biblia con la ciencia; solo estoy diciendo que es la Palabra de Dios la que es potente, y no nuestras propias palabras, las que pueden hablar al corazón terco del inconverso.
Es una espada de dos filos; esto se puede entender de varias maneras. Una es que corta tanto al que la usa como a aquel a quien va dirigida. Otra es que actúa tanto en el ámbito moral como en el espiritual. Nos ayuda a interpretar tanto los desafíos morales como los espirituales. Su penetración llega hasta las intenciones del corazón, que a veces ni siquiera nosotros mismos entendemos.
Me acuerdo de un amigo, hermano en Cristo de mi juventud, cuando viajábamos juntos por Canadá. Me dijo: «Tengo un deseo ardiente de irme a Newfoundland (una provincia rústica de Canadá, muy lejos hacia el este).» Después me confesó: «No sé si es por el Señor o por mí mismo.» Bueno, oramos y fuimos, y creo que sí era del Señor, pero fue bueno reconocer nuestra incapacidad para distinguir claramente las intenciones de nuestro corazón, tan dado al «autoengaño».
Hay mucho más que se podría comentar sobre el verso 12, pero debemos seguir adelante en el capítulo para contemplar una vez más la grandeza del sacerdocio de Cristo.
Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios…
Ninguno de los sacerdotes de la antigüedad fue llamado gran sumo sacerdote
. Me acuerdo de haber escuchado a un locutor de radio, mientras iba en un taxi en la Ciudad de México cuando despegó el avión del “papa” de la Iglesia Católica, llamándolo «sumo pontífice». ¡Qué gran blasfemia!
Nosotros tenemos un gran sumo sacerdote que es Jesús (enfatizando su humanidad) y el Hijo de Dios
(enfatizando su deidad). Nuestro sacerdote traspasó los cielos
después de haber muerto y resucitado, y ejerce su ministerio sacerdotal desde los cielos. ¿Cuál de los sacerdotes de la antigüedad puede decir lo mismo? ¡Claro que ninguno!
El verso sigue con retengamos nuestra profesión
, dándonos a entender que todos profesamos ser cristianos, y ojalá que sea cierto que lo somos de verdad, pues debemos retener esta profesión hasta que lleguemos al reposo eterno de Dios. Nuestro sumo sacerdote nos sostiene en esta senda del desierto moral en la que estamos, pues fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado
.
Algunos han tomado esta frase para decir que Jesús tenía una naturaleza caída y que así fue tentado, pero esto no es lo que quiere decir sin pecado
. Juan nos dice: Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.
1 Juan 3:5. Él fue tentado por cosas exteriores mucho más que cualquier sacerdote de la línea de Aarón, y así puede simpatizar con nosotros en nuestras pruebas humanas. Por grandes que estas sean, nunca llegan a los sufrimientos que Jesús soportó en este mundo.
Terminamos esta semana con el trono de la gracia, donde encontramos dos cosas: misericordia y gracia. Un trono nos habla en el sentido humano de juicio, pero no es así que acercamos nosotros, pues por fe en Jesús somos hijos de Dios y encontramos, no juicio, sino misericordia y gracia. Pensamos en Hechos 12 y en los dos discípulos encarcelados por Herodes para congraciarse con los judíos. A Jacobo, hermano de Juan, lo mató a espada. Jacobo recibió la gracia necesaria para soportar aquella prueba dificilísima. En cambio, el Señor Jesús vio bien enviar a su ángel para librar a Pedro en su misericordia.
En ambos casos vemos la intervención del Señor: hay gracia por la cual soportamos las pruebas de la vida; y, si el Señor ve bien librarnos, hay misericordia. ¿Cuál de los sacerdotes de la antigüedad puede compararse con nuestro gran sumo sacerdote?
Felipe Fournier
26 de julio de 2026