Hebreos 4: Cristo, mayor que Josué; el reposo futuro

Léase por favor Hebreos 4:1-12

En nuestro estudio de los Evangelios, hemos notado cuántas veces los líderes de Israel acusaron al Señor Jesús de no guardar el sábado. Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo. Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. Juan 5:17.

Nuestro capítulo cita Génesis 2:2: Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Pero sabemos que el hombre disfrutó muy poco tiempo de una creación sin pecado. Así, el día de reposo de Dios fue interrumpido por la entrada del pecado. Desde entonces, mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.

En el capítulo 3 vimos cómo la mayoría de los hijos de Israel, con un corazón de incredulidad, no entraron en la tierra, el reposo que debían haber alcanzado. Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.

Evidentemente, no se trata de las mismas buenas nuevas para ambos grupos. A los hebreos se les había predicado el evangelio de la gracia, es decir, la salvación disponible gratuitamente por medio de la fe en Jesús. Al pueblo de Israel en el desierto, las buenas nuevas fueron el informe de los espías. Incluso los espías incrédulos reconocieron que era verdad que la tierra prometida fluía leche y miel (Números 13:27). Sin embargo, era necesaria la fe para creer esas buenas nuevas y actuar conforme a ellas. Pero, debido a la incredulidad de la nación, no les aprovechó haberlas oído. Su incredulidad hizo que murieran en el desierto.

Sin embargo, la enseñanza de nuestro capítulo es que tampoco Josué pudo darles el verdadero reposo, aunque los hijos de aquellos incrédulos sí entraron en la tierra con él. El reposo de la tierra prometida era solamente una sombra, como tantas otras cosas del Antiguo Testamento.

Muchos años después, David escribió en el Salmo 95:11: Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo. Para entonces, Israel ya llevaba muchos años viviendo en la tierra, pero el verdadero reposo aún no había llegado. Se entiende, entonces, que el reposo del que habla el apóstol en nuestro capítulo sigue siendo futuro, aunque nosotros, los que creemos, ya disfrutamos de sus beneficios en el presente.

El reposo que Cristo nos ha dado por medio de su obra es infinitamente superior al que Josué pudo ofrecer, porque es eterno. Los hijos de Israel fueron expulsados de su tierra y no pudieron conservar lo que habían recibido. Nuestro reposo, en cambio, es dado por Cristo, y nadie podrá quitárnoslo.

Desde el principio de la creación, Dios ha tenido delante de sí un reposo definitivo. Tras la caída del hombre, existe una situación que ha postergado ese reposo. La santidad de Dios no puede reposar donde hay pecado, y su amor no puede reposar donde hay dolor, el dolor que el pecado ha producido. Puesto que Dios solo puede reposar en aquello que satisface tanto su amor como su santidad, es evidente que todavía no ha entrado en su reposo. Esto nos recuerda lo que dijo Juan en el primer capítulo de su Evangelio: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Juan 1:29. Este versículo deja abierta una pregunta: ¿cuándo sucederá eso? La respuesta es que Juan no está señalando un acontecimiento específico, sino describiendo el carácter y la obra del Cordero de Dios. Por tanto, aún queda pendiente el reposo definitivo, el cual llegará en el Estado Eterno, cuando Dios declare: Hecho está. Apocalipsis 21:6.

Hasta entonces, Dios no puede darse por satisfecho mientras exista el pecado en el mundo. Él continúa obrando para cumplir su propósito por medio de su amado Hijo, el que quita el pecado del mundo.

Hay otros pasajes que hablan del reposo presente del creyente, aunque no constituyen el tema principal de este capítulo. Existe el reposo del alma del que habla Mateo 11:28: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Este es el reposo que Jesús ofrecía a los judíos que trataban de obtener el favor de Dios mediante las obras de la ley de Moisés.

También existe el reposo que proviene de saber que nuestro Dios tiene el control de todas las cosas y obra para nuestro bien: Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos. Isaías 26:3-4.

En cualquier caso, el reposo siempre es un reposo que se recibe por la fe; nunca se alcanza por las obras de la ley.

Procuremos, (usemos diligencia) pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.

Una vez más vemos la advertencia dirigida a quienes son solamente profesantes. Se trata de asegurarse de que su fe sea genuina y de demostrarlo perseverando en el camino.

En resumen, encontramos tres reposos en estos dos capítulos:

  1. El reposo de Dios en la creación, que fue interrumpido por el pecado.

  2. El reposo de Canaán, que muchos perdieron por causa de la incredulidad.

  3. El reposo eterno de Dios, al cual solo se entra por la fe en la obra consumada de Cristo en la cruz.

Dejaremos para el próximo estudio el versículo 12 en adelante: Porque la palabra de Dios es viva y eficaz….

Felipe Fournier
19 de julio de 2026