Léase por favor Hebreos 9:10-22
Nos desviamos brevemente de nuestro capítulo con el fin de reforzar la verdad de la enseñanza acerca del nuevo pacto
, otra vez mencionado en nuestro capítulo 9, que a menudo ha sido aplicado erróneamente a la iglesia.
El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.
2 Corintios 3:6
Aunque ya hemos escrito sobre el nuevo pacto, que es con la nación futura de Israel y no con la iglesia, acaso sucede que alguien, leyendo este verso de 2 Corintios 3, piensa que se puede aplicar el nuevo pacto a la iglesia, pues dice que los apóstoles eran ministros del nuevo pacto. Pero es el espíritu del nuevo pacto el que se aplica, y no el pacto en sí. El espíritu del nuevo pacto es la gracia, en gran contraste con el viejo pacto, que era sobre la base de la obediencia prometida por la nación de Israel. (No tengo que decir que fue un desastre aquel pacto.) Sin embargo, como ellos, nosotros necesitamos la gracia igualmente. Citando al escritor Hamilton Smith: “Si la letra del nuevo pacto se limita a Israel, su espíritu puede aplicarse a los cristianos.” Al añadir el apóstol la letra mata
, nos hace recordar que el cristiano, poniéndose como debajo de un pacto, se encuentra haciéndose un ciudadano terrenal, como era Israel y será en el día futuro. Lo que la letra mata es el entendimiento de que somos pueblo celestial.
Con este pequeño desvío, continuamos considerando los argumentos del apóstol en cuanto a lo superior del cristianismo. La semana pasada, los judíos ortodoxos, y quizás también los que son menos devotos, llamados “judíos reformados”, celebraron la fiesta de “Yom Kippur”. La celebran sin sangre, porque no tienen el templo, mucho menos el Lugar Santísimo. Hay una mezquita musulmana construida en el lugar del templo.
Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.
No de esta creación
quiere decir que no hay tabernáculo ni templo terrenal en el día de la gracia, la dispensación en que estamos. Cristo entró en el Lugar Santísimo, habiendo ascendido al cielo, en principio por su propia sangre
. La sangre fue derramada en la tierra y quedó allí; no hay sangre en el cielo. Es en virtud de esta sangre que pudo entrar en el santuario celestial.
El apóstol está desarrollando la perfección de la obra de Cristo como gran contraste con la debilidad e imperfección del primer tabernáculo y de la fiesta judía de Yom Kippur. Solo el sumo sacerdote podía entrar en aquel entonces; ahora nosotros tenemos pleno acceso. La redención era y es eterna, no temporal como era antes. ¿Para qué entonces regresar atrás al sistema viejo, listo para desaparecer?
¿Cuánto más la sangre de Cristo … limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo…?
(La traducción Darby dice para adorar al Dios vivo
tal como el verso 9 donde nuestra versión dice al que practica ese culto
es mejor traducido los adoradores.
)
¿Era posible bajo el viejo sistema tener una conciencia realmente limpia? La sangre de toros y cabras, las cenizas de la becerra de Levítico 16, no limpiaban la conciencia sino la carne
. Era una limpieza ceremonial y temporal, y solo de sus cuerpos. Delante del Dios Santo, la obra consumada de Cristo hace a los creyentes judicialmente y eternamente limpios. ¡Qué gran contraste vemos con el sistema próximo a desaparecer
, que desde el año 70 ha desaparecido!
Ahora el apóstol nos enseña algo que corresponde a Romanos 3:25 y a los pecados anteriores de los que eran de fe, pero bajo el viejo pacto. …a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados…
Acaso los judíos cristianos de aquel entonces tenían la misma pregunta: si los pecados de los santos del Antiguo Testamento no fueron borrados por la sangre de machos cabríos, entonces, ¿cómo podían estar seguros de su destino eterno?
La respuesta es que Cristo murió por ellos también; …para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.
No decimos que ellos — Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, David, etc. — lo podían apreciar, pues Jehová moraba en aquel entonces en la oscuridad
. (Éxodo 20:21) La promesa de Dios es que ellos también tendrían una herencia eterna, diferente de los de Israel bajo el nuevo pacto de la gracia, los cuales tendrán herencia terrenal durante la época del Milenio.
El apóstol habla a continuación del valor de la sangre para la purificación bajo la ley. Era purificación ceremonial, pues como leemos en el capítulo siguiente, verso 4: porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
Nos dice algo importante acerca de nuestro día: Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre…
Casi todo
nos da a entender que faltaba algo que no era así purificado. Era posible para los más pobres traer su puño lleno de la flor de harina…
Levítico 2:1-2. Obviamente, no hay sangre en el puño de flor de harina.
Me acuerdo de un hermano de Argentina. Cuando le pregunté acerca de la salvación de su padre, me dijo: “Tiene su puño de flor de harina.” Es posible que uno haya puesto su confianza en el Señor como su Salvador, sin haber entendido mucho de la grandeza de su obra, el valor de su sangre, o disfrutado de las verdades que hemos aprendido a través de esta carta preciosa.
Queda la verdad de que, aunque no sea entendido por el pecador arrepentido, sin derramamiento de sangre no se hace remisión
. No menospreciamos el valor infinito de la sangre de Cristo. La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
1 Juan 1:7
Felipe Fournier
27 de septiembre de 2026