Léase por favor Marcos 14:31-52
Lo que nos espera en esta parte del libro de Marcos, podemos decir en particular, es tierra santa. En el jardín de Getsemaní vemos algo más allá de nuestra comprensión. Su escena se cuenta en tres de los evangelios y en cada uno nos da detalles. Nosotros, como seres humanos, a veces contemplamos algo futuro con mucha ansiedad, pues nuestras mentes solo pueden pensar en el pasado y el presente. A menudo, lo que temimos no llega a ser tan difícil como habíamos pensado. Sin embargo, Jesús, siendo Dios, sabía con infinita plenitud todo lo que implicaría morir como el portador del pecado. Siendo Hombre perfecto, poseía toda la sensibilidad humana apropiada, sin mancha alguna. Por eso digo que estamos en tierra santa, leyendo este evento en la vida del Señor Jesús, mirando y contemplando la cruz y los sufrimientos de la mano de Dios.
Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad. Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora.
En nuestro evangelio de Marcos, primero se expresa como aquella hora.
En Mateo, se expresa como la copa.
Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.
Mateo 26:39 En el evangelio de Juan, donde no vemos el jardín Getsemaní leemos las palabras de Jesús justo después; Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?
En Juan, vemos la dignidad del Hijo de Dios enfrentando con cara descubierta la ira de Dios y el sufrimiento por nuestros pecados, y así no nos cuenta del jardín de Getsemaní, pues allí vemos más que todo, su humanidad real. ¿Puede ser que este hombre divino podría así sufrir una tristeza tan profunda? Sabiendo todo lo que le esperaba, era algo terrible contemplar. Mas allá, pienso que no podemos adelantar, para tratar de reconciliar su carácter como hombre, siendo Dios a la vez. Pero nos debe poner en adoración delante de sus pies, dándole a él gracias que tomó la copa de ira hasta la última gota, no dejando nada por nosotros. La doctrina del purgatoria implica que al ser humano le toca sufrir por expiar sus propios pecados, después de la muerte. ¡Gloria a Dios que no es cierto, pues si fuera posible, Jesús no hubiera tenido que sufrir estas agonías! Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú.
Todas las cosas eran posibles, pero por redimirme a mí, no era posible que pasara de él esta copa.
¿Qué hacían los tres discípulos durante este tiempo de oración intensa? Jesús había dicho quedaos aquí y velad.
Pero era de noche, estaban cansados, y se pusieron a dormir. En Lucas nos dice que dormían por tristeza, y si, se entiende pues en el sueño a menudo podemos olvidar nuestras tristezas. Cuando Jesús vuelve de su oración y los encuentra durmiendo, sus palabras fueron dirigidos, no a los hijos de Zebedeo, sino a Pedro. ¿Por qué Pedro? Pues, fue el que dijo con palabras tan fuertes hacia poco que por nada negaría al Señor, pero en el dormir, manifestaba que no estaba buscando el socorro de Dios por su debilidad espiritual. Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.
No le dice “Pedro” sino Simón
pues Pedro era su nombre nuevo, hablando de su vida nueva por ser renacido, pero está en este momento comportándose como Simón con su carne débil y no como el nuevo hombre Pedro.
Sin embargo, como hemos visto, Pedro no es igual que Judas. Débil en su carne si fue, pero real en su fe. Vino Judas, que era uno de los doce…
En Lucas 4 vemos como intentaron matar a Jesús justo en el principio de su ministerio, pero no podían porque su hora no había llegado y nos dice que el pasó por medio de ellos. Para evitar que eso volviera a acontecer, contrataron con Judas que le enseñase quien era. Así con el beso de traición, entregó el noble, tierno, y bendito Señor Jesús. Le dijo: Maestro, Maestro. Y le besó.
Nos ofende pensar que con un gesto de ternura entregaría a su maestro, pero, ¡que más fuerte hubiera sido por nuestro Señor! Nuestro evangelio no nos cuenta quien era que sacó su espada para pelear por el Señor, pero sabemos que era Pedro. Durmiendo en vez de orando, peleando en vez de testificando acerca de la inocencia de el que iban a prender, Pedro iba inconsciente del peligro en que estaba. Pero el humilde Señor Jesús se somete a sus esfuerzos con sus armas y su muchedumbre. A Sansón lo ataron con cuerdas y sogas fuertes y el los quebró hasta el punto de dejar que le cortaron su cabello. Nos dice en Juan 18:12 prendieron a Jesús y le ataron.
Era ridículo atar al Hijo de Dios que hubiera poder evaporar las cuerdas y ellos a la vez, pero no conocieron sus palabras, pues iban cumpliendo las escrituras, sin saber.
Termino con una sugerencia de quien era el joven, que dejó su manto (o sábana) y se fue corriendo. Solo leemos acera de el en Marcos y algunos sugieren que era el mismo Marcos. No se sabe pues no nos dice, pero si es él, se nota que su manto no estaba bien puesto, y este es el Marcos que vemos al principio en Hechos. Mas tarde, vemos un siervo útil por el Señor, ya con su manto bien puesto y no huyendo sino fiel por su Señor.
Felipe Fournier
10 noviembre de 2024