Mateo 12, última parte: La madre y los hermanos quedan afuera

Léase por favor Mateo 12:38-50

Hemos visto como el Señor Jesús iba en el proceso de separarse de la nación incrédula. Vimos como el pueblo, después de ver a Jesús echar fuera el demonio del hombre ciego y mudo, tal que podía ver y hablar, hicieron la pregunta ¿Será este aquel Hijo de David? ¿Qué más pruebas ocupaban? Era un extremo de incredulidad su dicho de los lideres en nuestra porción de hoy Maestro, deseamos ver de ti señal. ¿Qué clase de señal ya no habían visto de todo lo que Jesús decía y hacia? No faltaba ni una prueba de quien era, habiendo cumplido con todos los requisitos de las profecías acerca del Mesías. Faltaba nada mas su muerte y resurrección, y por eso Jesús contestó La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches. Se dieron cuenta de su significado de estar en el corazón de la tierra, pues decían a Pilato después de su muerte Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Mateo 27:63 Después, cuando sus artífices de sellar el sepulcro y tener su guardia de soldados fracasó para guardar al Señor Jesús en el sepulcro, ellos conspiraron para engañar al pueblo acerca de Jesús resucitado, tal como Jonás salió del vientre del gran pez.

El gran contraste de los hombres de Nínive y la reina del Sur con el pueblo de Israel era eso, que ninguno de los dos vio señales milagrosas. Los hombres de Nínive solo tenían la predicación de Jonás y aquella predicación ni siquiera tenía mención de misericordia. La reina del Sur nada más escuchaba rumores de la sabiduría de Salomón. Ambos ellos creyeron por escuchar la voz de Jehová Dios hablando por sus siervos Jonás y Salomón. Así su fe de estos dos gentiles era fundada sobre lo que escuchaban. No pidieron señal; solo creían lo que escuchaban. ¡Ellos así iban a condenar a la generación perversa, una generación de incredulidad, que viendo a Dios manifestado en carne con tantas señales de misericordia y gracia, se lo equivocaron por ser el diablo! Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios. Pedro, en Hechos 2:40, predicando a los judíos culpables de la homicida del Señor Jesús, les dijo Sed salvos de esta perversa generación. Se apartaron de la generación perversa por ser bautizados en el nombre de Jesús.

La generación perversa se había apartado de la idolatría al ser vueltos de la cautividad de Babilonia. A pesar de la terquedad y flojera espiritual que vemos en el libro de Malaquías, ellos no habían vuelto a los ídolos que tanto enojaba a Jehová, Dios de Israel, que los entregó a la cautividad. La idolatría era el espíritu inmundo de que Jesús hablaba. Cuando el espíritu inmundo sale del hombre… Sin embargo, este vacío espiritual no puede durar para siempre. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Es la condición actual de la nación de Israel. No tiene idolatría, pero tampoco tiene fe en su Dios, y los ortodoxos siguen con sus adornos de la religión. En el día futuro, en medio de la semana setenta de Daniel, será establecida otra idolatría peor que nunca, de que simboliza los siete demonios. El Señor Jesús, en Mateo 24:15 les decía Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel… Esta abominación desoladora será la adoración de la imagen de la bestia, una imagen puesta por el falso Mesías, cual falso el remanente fiel rechazaría, pero la mayoría de incrédulos aceptarían. Así su fin será el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.

Pero mientras se iba a introducir una bendición por cualquier individuo que pone su fe en el Señor Jesucristo. Eso vemos a través de la ilustración de la madre y hermanos de Jesús que se acercaron, buscando acercamiento por medio de las relaciones familiares. Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar. Que Jesús respetaba a su madre sabemos muy bien por el evangelio de Juan, donde vemos como él, colgado en la cruz, entregó a su madre al cuidado de Juan el apóstol. Sin embargo, mostrando Jesús la separación del pueblo terrenal por su rechazo, declara esto; extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre. La familia de Dios de allí para adelante iba a ser manifestado a través de la fe en el Señor Jesucristo, cual es la voluntad del Padre, y no por ser simplemente descendientes carnales de Abraham. Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. Juan 6:28

Vemos en Hechos 1 como los hermanos y la madre de Jesús se encontraban entre los que así hacían la voluntad de Dios, estando entre el remanente de fe reunidos después que Jesús volvió a la diestra de Dios. Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos. Hechos 1:14

Felipe Fournier
15 junio de 2025


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