Marcos 1, segunda parte: El siervo fiel y dependiente

Léase por favor Marcos 1:32-45

Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados… Jesús, habiendo pasado un día lleno de actividades y esfuerzos, continuaba trabajando hasta muy tarde. Acaso nosotros también nos ocupamos en trabajo luego que el sol se ponga, pero, ¿qué clase de trabajo es? Tenemos el ejemplo de Jacobo de Génesis, quien servía a su suegro, catorce años ganando su esposa Raquel, y otros seis años buscando enriquecerse. Estos veinte años he estado contigo … De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño huía de mis ojos. Génesis 31:38-40 Los Proverbios nos cuentan algo de suma importancia acerca de la clase de trabajo a que Jacobo se dedicaba; No te afanes por hacerte rico; Sé prudente, y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas como alas de águila, y volarán al cielo. Proverbios 23:4-5 Jacobo de veras se hizo muy rico, pues vemos en el capítulo 32 el regalo que pudo presentar a su hermano Esaú, cuyo valor una vez calculaba yo como medio millón de dólares. Pero en el capítulo 43 lo vemos enviando con los hermanos en su regreso a Egipto un poco de bálsamo, un poco de miel… pues había sido reducido a pobreza, hasta faltar de comida suficiente por su familia. Pero volviendo a nuestro capítulo y el siervo perfecto, lo vemos trabando hasta la noche, siendo muy pobre en dinero, pero rico en misericordia y poder para aliviar los sufrimientos de su pueblo. No aceptaba el testimonio de los demonios; sus obras testificaban fuertemente de quien era; Hijo de Dios, y Mesías de Israel.

En seguida vemos a Jesús Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. El hombre trabajador, siendo de todo un hombre con las debilidades de la humanidad, sin duda sentía el mismo cansancio por haber trabajado tarde. Pero aun así se levantaba muy temprano, siendo un hombre dependiente. Recién una hermana me preguntó sobre la expresión en Salmo 40 Has abierto mis oídos. Vale la pena citarlo de completo. Sacrificio y ofrenda no te agrada; has abierto mis oídos; holocausto y expiación no has demandado. Entonces dije: He aquí, vengo; en el rollo del libro está escrito de mí; el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón. Salmo 40:6-8 Citando este Salmo, el apóstol en Hebreos 10:5 dice Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo. Vemos en nuestro capítulo 1 de Marcos el cumplimiento del oído abierto o el cuerpo preparado. Jesús como hombre oraba, poniéndonos un ejemplo de éxito en el servicio. Isaías 50:4 nos da algo más de profecía sobre la venida del Hijo del hombre. Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios. Jehová el Señor me abrió el oído, y yo no fui rebelde, ni me volví atrás.

Los discípulos, sin duda también cansados, no se levantaron tan temprano, pero al levantarse le fueron a buscar con este dicho Todos te buscan. A lo mejor lo vieron como algo muy bueno, pero Jesucristo no vino a buscar popularidad, tan atrayente a casi todos en el mundo que buscan liderazgo o una posición política. Dijo en respuesta Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido.

En la última historia en este primer capítulo de Marcos vemos a uno que entiende el poder del Señor, sin captar su corazón de bondad y misericordia. Si quieres, puedes limpiarme. ¡Que bella la respuesta del Señor Jesús! Quiero, sé limpio. No solo eso, sino extendió la mano y le tocó. No había necesidad de tocarlo, pues vemos muchos ejemplos de Jesús curando a la distancia. Pero Jesús fue movido de misericordia. ¡Bendito Salvador! El judío piadoso no podía tocar al leproso sin contaminarse. Solo el santo Jesús podía hacerlo, y lo hizo por mostrar su corazón. Anteriormente el pueblo maravillaba de su autoridad. Nosotros quedamos atónitos de su compasión y amor como el siervo perfecto, manifestando el corazón de Dios en este pobre mundo, que queda bajo el poder del maligno.

El hombre, tan emocionado por el milagro y su curación, no obedecía el dicho del Señor de solo mostrarse a los sacerdotes con la ofrenda que mandó Moisés. Hubiera sido un potente testimonio a estos incrédulos lideres de la nación, pero en vez de eso, el hombre llegó a ser un obstáculo por publicar mucho el hecho de Jesús. Vemos otra vez el gran contraste entre Jesús y los modernos profesantes de su nombre. Esta semana pasé en mis viajes un edificio marcado así “Centro de milagros y curaciones.” El perfecto siervo no dijo ni hizo esto, sino se quedaba fuera en los lugares desiertos. Los de sincero corazón lo tenían que buscar.

Felipe Fournier
31 marzo de 2024