Marcos 8, segunda parte: Una obra única y gradual hecho por Jesús

Léase por favor Marcos 8:22-33

En esta segunda parte del capítulo 8 vemos algo hecho por el Señor Jesús en varios pasos, algo que no se ha visto a menudo en el ministerio del Señor. En algunos aspectos es similar al milagro de la restauración de la vista al ciego de Juan 9, pero vemos en su contexto que no puede ser el mismo hombre. Puede ser que muestra en su semejanza a la condición de los discípulos, pues vimos anteriormente como les faltaba la fe de confiar en su maestro por todas sus necesidades, y estaban tan preocupados por haber olvidado traer suficiente comida para su viaje. Así preocupados, no entendían cuando el Señor les habló de la levadura de los Fariseos y de Herodes.

Estando en la otra ribera del mar de Galilea, los discípulos, a pesar de haber mostrado su falta de fe, siguen mostrando que hay fe en Jesús. Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase. No dudamos que estos eran los mismos discípulos, aunque son algo anónimos pues dice le trajeron y le rogaron. La primera cosa que el Señor hizo era tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea. Acaso eso nos habla, igual con Juan 10 y las ovejas del redil, que Jesús estaba en el proceso de llevar a sus discípulos fuera del judaísmo a conocerle como Salvador del mundo, y no solo de la nación de Israel. Después, escupiendo en sus ojos vemos algo que nos parece desagradable. He visto en los comentarios que la mayoría de los autores simplemente sobrepasan este hecho, pero si puedo compartir mi pensamiento, es otra prueba de la humanidad del Señor Jesús. Acaso tiene relación de lo que leemos en Romanos 10:6 No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo). La plena verdad del Hijo de Dios como hombre real de carne y sangre vemos en la saliva pues una fantasma no tiene tal cosa. Le puso las manos encima es más fácil entender porque el toque humano es algo que vemos como la identificación con otro, una muestra de cercanía y cariño. Pero su restauración parcial es algo no visto en otra ocasión en los evangelios. Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. Eso nos habla de la condición de los discípulos actual, con su pobre vista del Señor Jesús, manifestado por la primera parte de nuestro capítulo. A lo mejor también nos enseña que la obra del Espíritu Santo en el pecador perdido no siempre es algo que sucede todo a la vez. Como en el ejemplo de Nicodemo en Juan 3, vino con preguntas al Señor Jesús y aprendió algo acerca de la obra del Espíritu Santo a dar vida nueva a uno muerto en sus pecados. Así pasó con Nicodemo, que no tenía la valentía para confesar a Jesús abiertamente hasta después de su muerte. Veía a los hombres, sus compañeros lideres en Israel, andando amenazando a cualquier que confesare que Jesús era el Cristo, Hijo de David, Mesías de Israel.

Pero el hombre no se quedaba en esta condición. Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos. Así los discípulos, después de la muerte y resurrección del Señor Jesús, y la venida del Espíritu Santo, tenían su vista espiritual iluminada, para entender los propósitos de Dios en su claridad. Que tenían la vista en este momento no muy clara vemos en el resto del capítulo. Pero ahora, vemos algo que aclara la condición de la nación de Israel, habiendo rechazado el testimonio de su Mesías. Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea. La aldea representa la nación incrédula. Habiendo tropezado sobre la piedra de Jesús, el humilde carpintero, ahora una ceguera gubernamental de parte de Dios va a caer sobre ellos. La luz rechazada resulta en ceguedad.

En este la última parte del capítulo vemos una paradoja. Jesús les preguntó a sus discípulos cuales son los pensamientos del pueblo acerca de su persona. Ellos le dicen de lo que han oído de las opiniones del pueblo. Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas. Pero Pedro llega a ser portavoz de ellos declarando que ellos creían su testimonio tan fuerte que no era nada mas otro mensajero menor de los enviados anteriormente, sino el mismo Mesías de Israel. Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo. No añada como en Mateo Hijo del Dios viviente pues el tema en Marcos es diferente. Pero tenemos asegurado la lección del ciego que no debe declarar su experiencia en la aldea. Pero él les mandó que no dijesen esto de él a ninguno.

La paradoja vemos después con el mismo Pedro, el que declaraba su fe en Cristo, el Mesías de Israel, mostrando su ignorancia de las escrituras acerca de la muerte del Mesías. Pongo uno como ejemplo de Daniel 9:26: Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí. Pero Pedro, en el caso motivado por Satanás le dijo que no iba a sufrir. Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. Esto les decía claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a reconvenirle. Que Pedro muy bien después entendía la verdad de la necesidad de la muerte y resurrección de Cristo vemos en 1 Pedro 1:10-11 Los profetas … escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. La gloria del reino del Mesías era postergada, pero los discípulos no tenían el Espíritu Santo para revelarlos esta verdad, aunque era ampliamente desarrollada en el antiguo testamento.

Felipe Fournier
21 julio de 2024