Léase por favor Marcos 12:38-44, Marcos 13:1-13
…Y apacenté las ovejas. Y destruí a tres pastores en un mes; pues mi alma se impacientó contra ellos…
Zacarías 11:7-8
En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen.
Mateo 23:2-3
Hemos visto en este capítulo 12 el cumplimiento de Zacarías 11 y los tres pastores, o sea, grupos de lideres de la nación de Israel y el disgusto del Señor Jesús de cada grupo, fariseos, saduceos, y escribas (o doctores de la ley.) El capítulo empieza con la parábola de los labradores de la viña, y su trato con el Señor de la viña y la homicida de sus siervos y, por fin, su hijo. Ellos entendían que decía contra ellos aquella parábola
y se pone dedicados a su muerte, pero mientras, tratan de atraparlo cada uno según sus propias creencias. Los fariseos le habían preguntado sobre el pagar impuesto a Cesar, los saduceos le preguntan con su historia ridícula sobre la resurrección, y por fin, los escribas le preguntan sobre el gran mandamiento de la ley. El resultado fue Y ya ninguno osaba preguntarle.
Pero el Señor Jesús tenía algo que decirles a ellos. Primero, él vuelve a preguntarles a ellos acerca del Salmo 110, como notamos anteriormente. Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
Aunque la pregunta no se contesta, nosotros lo entendemos bien, pues Jesús hablaba de sí mismo, como Hijo de David, y a la vez, Señor de David, siendo persona divina y humana a la vez. Lo que sigue en nuestro capítulo, aunque dirigido a los más instruidos de ellos, los escribas, tenía su aplicación a los tres grupos. Guardaos de los escribas, que gustan de andar con largas ropas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor condenación.
En pocas palabras, su grande tropieza era que buscaban el honor y aprobación de los hombres, en vez del honor de Dios. Vemos esto en palabras claras en Juan 5:44; ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?
Su búsqueda de gloria entre si era un obstáculo grandote por tener fe en el Señor Jesús, su Mesías.
Una de estas viudas, a pesar del liderazgo de pastores inútiles, que acaso había sido anteriormente abusado por ellos mismos, mostraba su fe en Jehová, echando su todo en la ofrenda. Aprendemos dos lecciones a través de la aprobación manifiesta del Señor Jesús de su hecho. Primero, todavía el judaísmo no había sido puesto a un lado. La viña era todavía en manos de estos lideres hasta el último momento cuando mataron al Hijo, y aún más allá. Así vemos que Dios es longánimo. Ellos habían mostrado su rechazo de la palabra de Jesús, pero Dios en su paciencia iba a esperar, no solo hasta la muerte de su hijo, sino hasta el libro de Hechos, capitulo 7, cuando mataron a Esteban. Hasta aquel momento tenían ellos la oportunidad de aceptar a su Mesías, aunque lo habían ya crucificado. La segunda lección tiene su aplicación a nosotros. Dios nos mide, no por lo que damos, sino por lo que guardamos por nosotros mismos. De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.
En el capítulo 13, vemos a los discípulos, quizás por primera vez entendiendo algo de lo rechazado era su maestro, le muestran la grandeza del templo, cuya esplendidez había sido hasta aquel momento sostenido por las ofrendas que incluían las monedas de la viuda. ¿Habiendo Jesús elogiado a la viuda, iba entonces a elogiar el templo también? No, pues les decía de la destrucción total de aquel edificio. La historia nos cuenta que el general Tito no lo quiso destruir, pero cuando empezó el incendio del templo por accidente, se derretía el oro que cubría las piedras, y los solados las derribaron, buscando el oro así escondido. Los discípulos, escuchando esta profecía, entonces preguntan sobre el reino que ellos recién empiezan a entender que no iba a ser revelado en aquel momento. Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?
Hay algo que tenemos que entender, cuando vemos al Señor hablando proféticamente a sus discípulos tal como hacía en nuestro capítulo. El Señor se dirigió a sus discípulos como si fueran el remanente de los judíos en la tierra en ese día venidero. Por lo tanto, moralmente ocupaban el lugar del remanente judío de ese día venidero. No se debe confundir estos versículos con el arrebatamiento de 1 Tesalonicenses 4:14-18. Isaías 8 (y muchas otras escrituras del antiguo testamento) nos cuenta del remanente de fieles entre los muchos infieles en aquel día aun futuro. A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo. Entonces él será por santuario; pero a las dos casas de Israel, por piedra para tropezar, y por tropezadero para caer, y por lazo y por red al morador de Jerusalén. Y muchos tropezarán entre ellos, y caerán, y serán quebrantados; y se enredarán y serán apresados. Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos…
Allí lo dejamos hasta la semana que viene, si no ya estamos en el cumplimiento de 1 Tesalonicenses 4.
Felipe Fournier
29 septiembre de 2024