Mateo 5, cuarta parte: Divorcio, juramentos, y odio

Léase por favor Mateo 5:31-48

También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.

Hay pocos versículos sobre los cuales ha habido tanto desacuerdo entre los hermanos congregados al nombre del Señor Jesús. En el cristianismo se ha abandonado todo intento de consultar con las escrituras y se ve en muchos lugares que, aunque una pareja sean convivientes y no casados para nada, son aceptados para partir pan. Aquí en los EU, vemos a grupos de profesantes del cristianismo que aceptan de cualquier tipo de inmoralidad en la práctica, incluso homosexualidad. En el otro extremo, hay los que mantiene lo de Romanos 7 como estándar de práctica, diciendo que ninguno puede volver a casarse al menos que la pareja haya muerto. ¿Dónde, pues, se encuentra el camino deseado del Señor Jesús entre los santos congregados a su santo nombre? O, ¿hacemos cómo se hacían en el día de los jueces de Israel? En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía. Jueces 19:25

Sin duda no es por casualidad que este último capítulo de Jueces donde vemos el principio de caminar cada uno como quería, vemos también la inmoralidad, incluso la homosexualidad y el rehúso de la tribu de Benjamín de disciplinar a tales practicantes. Además, en el libro de Rut que sigue, vemos como uno que caminaba en el temor de Jehová se casa con una viuda moabita y así la gracia se extiende a los gentiles tal que esta pareja forma parte del linaje de María, madre de Jesucristo. Tenemos también la desgracia del modelo del rey David, tomando el reino y demandando que se le regresara su primera esposa, Mical. Después de esto envió David mensajeros a Is-boset hijo de Saúl, diciendo: Restitúyeme mi mujer Mical, la cual desposé conmigo por cien prepucios de filisteos. Entonces Is-boset envió y se la quitó a su marido Paltiel hijo de Lais. Y su marido fue con ella, siguiéndola y llorando hasta Bahurim. Y le dijo Abner: Anda, vuélvete. Entonces él se volvió. 2 Samuel 3:14-16 ¿Hizo bien David, quebrando este segundo matrimonio? No puedo pensar que sí.

Así, hermanos, me quedo en dudas acerca del camino recto delante de Dios por nosotros en el día de hoy, cuando hay tanta confusión y los ataques del enemigo en los matrimonios han sido tan exitosos para infamar el nombre de Jesús. Hebreos 13 nos dice Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios. Así por cierto no debemos tratar con ligereza los ligamentos de un matrimonio, pues Efesios nos enseña como esta relación prefigura la unión de Cristo con su iglesia. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Efesios 5:25-28 No se acepta cualquier excusa del marido para no amar a su esposa, sea como sea su práctica defectuosa, pues el modelo es Cristo, quien nos amó con un amor eterno e incondicional.

Allí lo tengo que dejar, pues no tengo mas claridad sobre este asunto polémico entre los hermanos en Cristo. No estoy de acuerdo con el legalismo que aplica a Romanos 7, donde no está enseñado el matrimonio ni sus principios sino usando una ilustración para enseñanza sobre la relación entre el creyente y la ley, y la nueva relación con Cristo. Pero tampoco debemos menospreciar el valor de los votos de matrimonio.

Los dos temas que vemos en el capítulo 5 son de juramentos y el odio de los enemigos. De los juramentos, acaso vale la pena simplemente decir que nuestra palabra de si o no debe de ser suficiente sin añadir un juramento. La ley no decía precisamente que debían odiar a sus enemigos pero su énfasis era en esta dirección. No procurarás la paz de ellos ni su bien en todos los días para siempre. Deuteronomio 23:6 Los discípulos ya eran pescadores de hombres, y así era necesario el amor de Cristo para todos. Introduciendo una justicia superior que caracterizaría su reino, el Señor dijo: Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. De este modo, sus discípulos no sólo debían caracterizarse por no ser agresivos, sino que debían ser conocidos por su bondad positiva en sus acciones hacia los demás. Este principio del reino de los cielos indudablemente es aplicable a nosotros, creyentes en el Señor Jesús en el día de la gracia, pues somos pescadores de hombres también, no por entrar en el reino, sino entrar en la salvación por el perdón de pecados por la sangre de Jesucristo.

Felipe Fournier
2 marzo de 2025