Mateo 8: El poder del Mesías Jesús

Léase por favor Mateo 8:1-17

Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Mateo 7:28-29

Así termina el capítulo 7 de Mateo y me hace pensar de muchas personas históricas que caen con este grupo, pues eran impresionados, no solo con la doctrina del Señor Jesús, pero también de su forma de enseñar, con autoridad. Pero la tristeza es eso, que no nos cuenta que arrepintieron de sus pecados y creyeron en él como su Mesías. Nuestro tercer presidente de los EU, Tomas Jefferson, caía en este grupo. Quedó maravillado de la enseñanza del Señor Jesús, pero negó por completo su persona, su divinidad.

Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre … Él es quien perdona todas tus iniquidades, Él que sana todas tus dolencias. Salmo 103:1-3 Nuestro capítulo empieza con un leproso sanado, Jesús así probando que era el Mesías, Jehová venido a su pueblo, pues solo Jehová podía sanar la lepra. Vemos como Jesús lo tocaba; Jesús extendió la mano y le tocó diciendo: Quiero; sé limpio… No era necesario que Jesús le tocara para curarlo, pero este hecho del Señor tiene significado por lo menos doble. El leproso, por el mandato de Moisés, era mandado de quedar lejos. Levítico 13:45-46 nos dice esto; Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡inmundo! Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada. (Para mi es interesante que en estos tiempos pasados, la idea de la enfermedad contagiosa era así entendido, pero la medicina quedaba en gran ignorancia de eso hasta el alemán Roberto Koch y el francés Luis Pasteur descubrieron las enfermedades infecciosas en el siglo XIX. Mientras, miles murieron por no prestar atención a lo que Jehová enseñaba a Moisés hace cuatro mil años.) Pero el santo Jesucristo pudo tocar al leproso sin ser contaminado y a la vez, mostrar su simpatía con la condición del pobre leproso.

Además, vemos el lado dispensacional; en nuestro capítulo, tenemos varios eventos que predicen como los eventos iban a suceder. Primero, el leproso curado con la toca del Mesías, que habla de Jesús venido en su primer advenimiento al mundo físico, trayendo a la nación de Israel la curación de su enfermedad espiritual y las pruebas de su divinidad. El leproso curado era mandado llevar las noticias de tal cosa a los lideres de la nación. Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos. ¿Testimonio de que cosa? Testimonio de que Jesús era Jehová manifestado en carne entre ellos, y así deben de recibirlo como su Mesías. Pero no, no recibieron esta prueba. Y a consecuencia, sigue la historia del centurión, un gentil de afuera de la nación de Israel. El viene con fe, y una fe de la cual el mismo Señor Jesús decía De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. El siervo del centurión era paralizado, algo que nos enseña también que la habilidad del ser humano guardar la ley y así agradar a Dios era algo imposible. Nosotros como pecadores perdidos somos paralizado por nuestra naturaleza pecaminosa y caída. No somos capaces de agradar a Dios por nuestras obras. Pero el siervo fue curado a distancia; Jesús no fue a la casa del centurión. El centurión hizo lo que el liderazgo de Israel no hacia; él creía quien era Jesús, confesando su divinidad y autoridad para curar su siervo, comparándolo a él mismo que podía mandar y por su autoridad, sus siervos tenían que obedecer. Así en el día de la gracia, el Señor Jesús no está presente con nosotros en forma corporal, para tocarnos, así como tocaba al leproso judío. Está ausente, a la diestra de Dios, pero de esta distancia aun está curando a los enfermos de sus pecados, si es que confiesan a él como Señor y creen en él.

Pero siguiendo el mismo tema, vemos que después de curar al siervo del gentil centurión, el Señor curaba a la esposa de Pedro, enferma con una fiebre. A igual del paralitico, la fiebre hace a uno muy débil, sin poder hacer nada. Leemos en Romanos 11:25 de “la plenitud de los gentiles.” Ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. Este tiempo terminará cuando el último es salvo y el Señor vendrá en las nubes para arrebatar a su iglesia. Entonces, el Señor se reunirá con un remanente de Israel y los bendecirá según la promesa que Dios hizo a sus padres, y en aquel entonces, creerán en él cómo su Mesías y Rey, como explica el siguiente verso Romanos 11:26; y luego todo Israel será salvo, como está escrito. Esto se ilustra con lo de la suegra de Pedro. Esto ocurrirá en la segunda venida del Señor (su aparición o manifestación) cuando se cumple Malaquías 4:2 Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.

Se nota en los siguientes versículos que todo el mundo, llegando a la puerta de la casa de Pedro, fue sanado, dándonos de entender algo del milenio, cuando no habrá enfermedad ya, pues ha de ser la tierra semejante al jardín de Edén antes que entró el pecado. Satanás no tendrá oportunidad de entonces influenciar al ser humano. Pero va a seguir la carne rebelde en el ser humano, así que, el milenio no será escena de perfección.

Felipe Fournier
6 abril de 2025