Mateo 11, parte 2: Juicio sigue por rechazar el Mesías, libertad y descanso por los fieles

Léase por favor Mateo 11:20-30

Hemos visto como Juan Bautista fue encarcelado por Herodes, y ninguno de los lideres de Israel levantaban la voz para protestar esta injusticia, pues ellos también habían rechazado el mensaje de Juan; no se consideraban necesitados del arrepentimiento. Así tampoco recibieron el Mesías, de quien Juan predicaba y predestinaba. Así este capítulo es clave para entender el evangelio de Mateo, porque de aquí para adelante el Señor Jesús cambiaba algo su ministerio. El reino del cielo no se dejaba de ser anunciado, pues a pesar de la nación rebelde y no arrepentido, había responsabilidad para advertir a los que tenían oídos para oír.

Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole. Hechos 2:22-23 Este verso quizás nos confunda, pues parece ser un paradojo. Si era por el determinado consejo de Dios que Cristo muriera crucificado, ¿Cómo entonces eran ellos responsables de homicida? Lo que hacemos con las paradojas de la escritura es aceptarlas por ser la palabra de Dios. La responsabilidad del hombre y la soberanía de Dios son dos verdades que van paralelos en la escritura y nuestra mente humana tiene la tendencia de rechazar lo que no nos parece lógica; sin embargo, el querer reducir a Dios a alguien que cabe en la mente humana llega a ser una soberbia y orgullo insoportable. En nuestro capítulo, Jesús oraba diciendo Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Si las cosas les eran escondidas, ¿eran entonces responsables por rechazar el testimonio fuerte de Juan Bautista y de Jesús? Si, eran. Solo podemos refugiarnos en las sagradas escrituras que nos enseñan Sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Hebreos 11:6

Lo que sigue en nuestro capítulo son los ayes o juicios prometidos sobre las ciudades principales donde Jesús anunciaba su reino, Corazín, Betsaida, y Capernaum. Capernaum era levantado a los cielos en el sentido de ver al Hijo de Dios, Mesías de Israel descendido del cielo y manifestándose por señales y milagros indiscutibles acerca de su persona. Pero cerraron sus ojos y taparon sus oídos por no escuchar ni aceptar tal mensaje. Así el juicio venía, aunque era postergado por otros treinta años mientras el mensaje era dirigido a ellos aun después de la muerte y resurrección del Señor Jesucristo en el libro de los Hechos, hasta el capítulo siete, cuando apedrearon a Estaban. El juicio iba a ser más grande por ellos que por los malvados pecadores de Sodoma, a los cuales Dios juzgaba por su pecado grave. ¿Por qué más serio y severo el juicio por los religiosos y fastidiosos lideres de Israel? Por haber rechazado un mensaje tan fuerte que se les manifestaba. Así en el día de juicio la responsabilidad mas grande no es por los peores pecadores, sino por aquellos que son responsables por haber escuchado y rechazado el mayor testimonio.

Los versos que siguen a menudo han sido usados con gran poder en la predicación del evangelio; se aplica a un pecador cargado con pecado, como la persona llamada “Cristian” en la parábola de Juan Bunyan, “El progreso del peregrino.” Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. ¡Cuántos niños en la escuela dominical han aprendido este verso como verso en el evangelio! Pero su interpretación era más bien por el judío piadoso que trabaja debajo de la ley, reconociendo sus fracasos y sintiéndose sin remedio por sus obras. Ellos eran los niños a quienes el Padre era revelado por el Señor Jesús. El yugo del Señor Jesús no es el yugo de la ley, sino el yugo fácil de obediencia a un Padre que dio a su único Hijo; es el yugo de humilde y manso Señor Jesucristo.

Antes de cerrar, vale la pena meditar sobre la grandeza del verso 27; Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Este mismo Jesús, quienes los lideres judíos habían visto en toda su majestad, era y es el Hijo eterno de Dios, y hay en él cosas que ni nosotros como hijos de Dios vamos a discernir por toda la eternidad. Sin embargo, que maravilla que el Hijo nos ha revelado el Padre, y tal Padre de amor que los Israelitas más piadosos del antiguo testamento no podían conocer. ¡Que nos encontremos hoy día en alabanza y adoración por aquella revelación, por aquellas personas reveladas a nosotros, pecadores salvados por pura gracia! Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. 1 Juan 4:14

Felipe Fournier
25 mayo de 2025


Publicado

en

,

por