Mateo 23: Condenación del liderazgo de Israel en siete maldicione

Léase por favor Mateo 23:1-39

Recordamos que estamos leyendo de la última semana de la vida terrenal de nuestro Señor Jesucristo. Hemos leído como los tres grupos, los herodianos, los saduceos, y los fariseos fueron silenciados por el Señor mientras intentaban atraparlo por sus palabras. En este capítulo, el Señor los hizo desnudos delante del pueblo que los admiraba por su apariencia de religiosidad e importancia. La mayoría de las condenaciones eran para los escribas y fariseos, pero en el verso 16, habla el Señor de todos ellos porque eran los lideres; ¡Ay de vosotros, guías ciegos!

Sus vidas de los lideres contradecían la ley que proclamaban. Legislaban para los demás sin la menor conciencia de su propia obediencia. Esto lo afirmó el Señor en el versículo 4, y es una falta muy común entre los religiosos de profesión, a quienes les encanta dar órdenes a los demás mientras ellos mismos llevan una vida cómoda. Me acuerdo durante el tiempo de Covid, como algunos de los lideres seculares, mientras hacían fuertes reglas por los demás, no los obedecian ellos mismos, y eso levantaba bastante protesta de los que estaban sujetos a sus regulaciones. Pero así es el mundo secular; esto sucedía en Israel, una nación supuestamente representando el único Dios verdadero, Jehová. Así su hipocresía era mucho mas seria en los ojos de Dios y el Señor pronuncias estos ayes o maldiciones sobre su conducta, y por fin, sobre sus personas. Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra…

El Señor no solo estaba condenando la hipocresía del liderazgo, sino también proclamando la conducta esperada en el reino de los cielos. La primera cosa es de suma importancia, eso es, la humildad en el interior. Recordamos las palabras de Jehová al profeta Samuel, cuando fue a visitar la familia de Isai, buscando el que iba a ser el rey escogido por Dios. Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. 1 Samuel 16:7

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito… ¿Por qué buscaban hacer prosélitos? Pues, así es la tendencia de la carne, que aun en su maldad busca a semejantes para justificar su posición. Algunos prosélitos llegaban a ser unos sinceros que de veras buscaron el único Dios verdadero. Vemos uno en nuestro evangelio, Mateo 8, el centurión que venía buscando salud por su siervo. Vemos su sinceridad por sus palabras Señor, no soy digno… Estos mismos lideres se proclamaban dignos de honores, los primeros puestos, y la admiración del pueblo de Israel. Vemos a dos más gentiles prosélitos en el libro de los Hechos; el eunuco etíope en el capítulo 8 y otro centurión en el capítulo 10. Nosotros, al proclamar el evangelio, no debemos estar buscando prosélitos, sino personas que confían en el Señor Jesucristo como su salvador. Recordamos como estos dos prosélitos de Hechos 8 y 10 llegaron a poner su confianza, ya no en la religión judaica, sino en Jesucristo, muerto y resucitado.

Vemos uno más de las condenaciones, en conclusión; y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. Eso era algo fantástico; veneraban a los profetas por adornar sus tumbas, pero ignoraban por total lo que los profetas habían dicho acerca del Mesías de Israel. Hace nada mas unos días, ellos habían visto el cumplimiento de la profecía de Zacarias justo delante de sus ojos. Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna. Zacarías 9:9 Pero esta misma humildad del Mesías los ofendía. No querían tal Mesías humilde y mientras se decían que no hubieran participado con sus padres en la matanza de los profetas, justo en este momento planeaban matar al profeta más grande de Israel, Mesías e Hijo de Dios en medio de ellos con todas las pruebas de quien era.

Nuestro capítulo termina con las palabras bellas y a la vez tristes, referente a la ciudad llamada la ciudad santa, pero a la vez corrupta por su mismo liderazgo. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor. Los mismos discípulos de Jesús, durante su entrada en la ciudad, habían proclamado en alta voz ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! Mateo 21:9 Ellos eran un prototipo del remanente de Israel en un día futuro que van a confesar que Jesús era y es su Mesías, cuando la gran parte de la nación estarán en adoración del Anticristo, el falso pastor y falso Mesías. Pero esta verdad del Señor de querer juntar a los hijos, o sea los niños, sigue hasta el día de hoy en el día de la gracia. Por eso tenemos la escuela dominical. Queremos que los niños conozcan a su Salvador Jesús antes que vengan los días malos. Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento. Eclesiastés 12:1

Felipe Fournier
14 deciembre de 2025