Mateo 22, segunda parte: Amor a Dios y al vecino; Cristo, Hijo de Dios e Hijo de David

Léase por favor Mateo 22:34-46

No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley … y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor. Romanos 13:8-10

Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Versos 36 a 39 de nuestro capítulo.)

Jesús les había hablado de tres parábolas; la primera, en el capítulo 21, era de los dos hijos y la obra en la viña; la segunda, de los laboradores en la viña; y la tercera, de la invitación a la cena. En cada parábola, había una voz a los lideres de la nación, pero a pesar de su astucia e inteligencia, no captaban la voz del Señor mostrándolos como Jehová los había amado con un amor eterno. El gran mandamiento de la ley era Amarás al Señor tu Dios y amarás a tu prójimo. Pero la gracia y la verdad había venido en la persona del Hijo de Dios. Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. En declarar los mandamientos principales de la ley, Jesús estaba mostrándolos que tan lejos estaban de obediencia a su Dios. Eran ellos como el hijo que dijo a su padre Voy y no fue; eran como los labradores que nunca daban el fruto de la viña al Padre de la familia; eran también los que no hicieron caso a la llamada de Dios por Jesucristo; mas éstos no quisieron venir. Los tres grupos, los herodianos, los saduceos, y los fariseos le pusieron sus preguntas y recibieron sus respuestas, terminando aquí con el gran mandamiento, el amor pedido de ellos, pero mostrando que este amor se les estaba mostrando por la gracia de Jesús. Las tres parábolas los habían puesto cara a cara con la gracia del Evangelio; las tres preguntas habían recibido respuestas que les inculcaron el amor, como la exigencia suprema de la ley. A ese amor les era ajeno, y reconociéndolo en sus corazones, no arrepintieron sino seguían con su intención de eliminar esta Luz que había aparecido en medio de ellos, revelando su pecado e hipocresía. Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado. El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece. Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre. Juan 15:21-24 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Juan 1:4-5

Lo que sigue en nuestro capítulo es el punto importantísimo del evangelio de la gracia; ¿Quién es el Señor Jesucristo? En este punto las falsas religiones de la profesión cristiana siempre tropiezan y niegan quien es Jesús. Y por no aceptar la divinidad y la humanidad de Cristo, tampoco pueden entender el significado de su obra redentora en la cruz. Los lideres, habían sido confundidos los tres grupos ya con las respuestas del Señor, ahora tienen que enfrentarse con la profecía que ellos profesaban leer y entender. Es Jesús ahora que les propone la pregunta. ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?

Hay una sola respuesta a este enigma; el Hijo de David es también el Señor de David, Jehová del antiguo testamento. Así empieza nuestro evangelio. Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David … He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Mateo 1:1,23 No había en ellos la fe para creer el testimonio de sus propios ojos. Lo habían visto y escuchado ya por tres años y medio con las pruebas abundantes de su persona. En Él había el poder de Dios, ambos para perdonar los pecados y hacer los muchos milagros que probaban su persona como el Mesías de Israel. A pesar de este testimonio tan fuerte, ellos seguían decididos para darle muerte. Como las cucarachas que huyen cuando llega la luz en un cuarto oscuro, la Luz había venido revelando la suciedad y pecado de estos orgullosos, y en vez de confesar su condición actual y aceptar su amor y gracia, dijeron en tantas palabras “¡Apaguemos la luz!”

Veremos en lo que sigue que, aunque ellos acabaron de hacerle preguntas y ponerle trampas de palabras, Jesús iba a ponerlos desnudos delante de la nación que estaban en temor de ellos.

Felipe Fournier
7 deciembre de 2025