Mateo 27, última parte: Terremoto, resurrección de los santos, el centurión

Léase por favor Mateo 27:51-66

En resumen de las obras extraordinarias, o sea, los eventos sobrenaturales alrededor de la crucifixión de Jesucristo, notamos seis cosas destacadas, y todos menos uno se ve aquí en el evangelio de San Mateo;

  1. El sueño de la esposa de Pilato, indudablemente un mensaje enviado por Dios al impío gobernador
  2. Las tinieblas de medio día hasta las tres de la tarde; fuera imposible ser un eclipse natural
  3. La sangre y agua que fluía del cuerpo muerto del Señor Jesús; los muertos no sangran. Juan 19:34
  4. El velo roto de arriba para abajo
  5. El terremoto, señal del futuro renovación de la tierra a consecuencia de la obra consumada de Cristo
  6. La resurrección de los santos, señal del triunfo de Cristo sobre la muerte, pues salieron de las tumbas después de la resurrección de Jesucristo. Saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.

La escritura no nos revela quienes eran estos santos que fueron resucitados de entre los muertos. Tengo pensado que eran personas que creían en el Señor Jesús durante su ministerio y murieron en fe. Fueron resucitados para vivir algún tiempo más en la tierra, semejante a la resurrección de Jesucristo, pero sin “el cuerpo de gloria” que tiene el Señor Jesús. Ellos volvieron a morir, pero era un testimonio aún más potente de los gloriosos resultados de la muerte y resurrección de Cristo. Leemos en Hebreos 2:14-15 Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir (mejor “anular”) por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. El diablo ya no tiene el instrumento de la muerte para atemorizar a los creyentes en Jesús. La “destrucción” de la muerte no ocurre hasta el estado eternal. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. 1 Corintios 15:25-26

El centurión era testigo del terremoto, las tinieblas, la fuerte voz del Señor muriendo, y quizás también de la sangre fluyendo del cuerpo de un muerto. Que era de verdad su exclamación una de fe o simplemente de maravilla, las escrituras no nos dicen. Pero es de interés de estos centuriones, siempre soldados del imperio romano y normalmente conocidos por su crueldad, son vistos en las escrituras en una luz positiva. El centurión de Mateo 8 era nombrado con una fe que no se encontró en Israel. El centurión de nuestro capítulo confesaba precisamente lo que los judíos no quisieron ni admitir y usaron como motivo de la sentencia de muerte. Verdaderamente éste era Hijo de Dios. En Juan 19:7 Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios. El centurión Cornelio de los Hechos 10 era varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos… El centurión de los Hechos 22 avisó al capitán no azotar a Pablo, pues era ciudadano romano. El centurión que guardaba a Pablo en el viaje a Roma salvó a Pablo de los propósitos de los soldados bajo su autoridad. Entonces los soldados acordaron matar a los presos, para que ninguno se fugase nadando. Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, les impidió este intento… Hechos 27:42-43 No tengo precisamente alguna meditación sobre esta verdad pero me gustaría escuchar si otro alguien la tenga.

Volviendo a nuestro capítulo, vemos a José de Arimatea, hombre rico y miembro del concilio, antes tímido en su fe en el Señor y ahora valiente, buscando el cuerpo de Jesús y dándolo su nuevo sepulcro. Era acompañado por el otro consejero, Nicodemo, no mencionado aquí y solo en el evangelio de Juan. Otros han notado que era importante que el sepulcro fuera nuevo, pues en el antiguo testamento en 2 Reyes 13:21 leemos Y aconteció que al sepultar unos a un hombre, súbitamente vieron una banda armada, y arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo; y cuando llegó a tocar el muerto los huesos de Eliseo, revivió, y se levantó sobre sus pies. No era esta la tumba del Señor Jesús sino una tumba nueva.

El capítulo termina con los lideres de Israel, recordando las palabras del Señor Jesús, pero totalmente sin fe. Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Me hace pensar del verso de Hebreos 4:2 pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. Su propósito de ellos era asegurar el sepulcro con una compañía de soldados, tratando de impedir el cumplimiento de su palabra del Señor. Parece que Pilato maravillaba de su actitud con sus palabras Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. Puede ser que les habló con palabras sarcásticas o acaso de ironía. ¿Poner una guardia sobre un muerto? ¿De estos discípulos tan tímidos que habían huido? Veremos cómo era de todo en vano sus cuidados. Como cantamos en el himno 577 “Inútil la prisión del Salvador; vana la detención – ¡El es Señor! Desde la tumba ascendió, Si, triunfante El resucitó…”

Felipe Fournier
12 abril de 2026