Léase por favor Hebreos 3:7-19
Nuestro capítulo cambia un poco de tema empezando con el versículo 7, aunque sigue mostrando la superioridad de Cristo sobre Moisés. Sabemos que gran parte del ministerio de Moisés tuvo que ver con el desierto, donde la misericordia de Dios se manifestó a un pueblo rebelde durante cuarenta años; un pueblo que finalmente desesperó y exasperó a su líder Moisés, y resultó que no pudo entrar en la tierra prometida.
Es normal que Dios ponga a prueba la fe de las personas. Todos los que deciden seguir por el camino de la fe y vivir como cristianos en este mundo pasarán por pruebas. Esas pruebas muestran si su fe es verdadera o no. Y no hay un lugar mejor que el desierto para que esto se haga evidente.
No es un desierto de verdad necesariamente, como los dos lugares donde yo vivo, California e Idaho, donde la escasez de agua produce condiciones desérticas. Algunos, como los hermanos de Cuba y la República Dominicana, viven donde llueve la mayoría de los días. Es un desierto por su carácter de sufrimiento, como nos enseña 1 Pedro 5:10: Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.
El desierto era una tierra seca, árida y desolada. El calor era intenso, el agua escasa y no había alimentos suficientes para un pueblo tan grande. Era un lugar donde los israelitas aprendieron que no podían depender de sus propias fuerzas, sino que necesitaban confiar cada día en Dios para recibir agua, alimento, dirección y protección.
Sin embargo, a pesar de toda la provisión de Jehová para la nación, la cita del Salmo 95 enfatiza que muchos en la nación carecían de la fe verdadera, pues se rebelaron al no querer entrar en la tierra prometida en Números 13 y 14, llegando al punto de querer “apostatar” y regresar a Egipto. Todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, no verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá.
Números 14:22-23
Si le interesa buscarlo, puede encontrar las diez ocasiones en que el pueblo tentó a Jehová. Fueron cinco veces antes de que fuera dada la ley, donde Jehová los trató con gracia; y cinco veces después de que fue dada la ley, donde el trato fue diferente, cada vez con sus consecuencias.
El Salmo 106 relata en términos solemnes la consecuencia de la décima vez que ellos provocaron a Jehová: Pero aborrecieron la tierra deseable; no creyeron a su palabra, antes murmuraron en sus tiendas, y no oyeron la voz de Jehová.
Así, la advertencia del apóstol a los Hebreos era algo poderoso, haciendo una comparación que ellos entendían muy bien: Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo…
Para los que son verdaderamente creyentes en el Señor Jesús, salvos por su gracia, hay algo que los sostiene durante los años en el desierto, aunque sean largos para algunos y cortos para otros: Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.
Hebreos 7:25
Este versículo ha sido usado por el evangelista para mostrar la salvación infinita accesible a todos, como nos enseña Juan 6:37: Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.
Pero esa no es la interpretación específica del versículo. Tiene que ver con el sacerdocio de Cristo a la diestra de Dios, quien mantiene a todo creyente hasta el fin, no importa si sea hasta su muerte o hasta la venida del Señor.
Notamos también la importancia de prestar atención a la Palabra de Dios. Los Salmos mayormente fueron escritos por David. Pero nuestro capítulo enfatiza quién les hablaba: Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones…
En el capítulo 1 vimos a Dios hablando en el Hijo. Aquí es el Espíritu Santo hablando directamente a ellos por medio de las Escrituras.
¿Qué clase de corazón nos corresponde tener? El corazón de Israel en general (excepto los fieles Josué y Caleb) era un corazón malo y duro, incrédulo. De Caleb nos dice: Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu…
Números 14:24 En Hebreos 10:22 leemos acerca de un corazón semejante al de Caleb: acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe…
Algunos han tropezado con el uso del apóstol de la palabra hermanos
en el versículo 12. El uso se refiere a sus hermanos según la carne, como se explica en Romanos 9:3: Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne…
Pero a la vez, aunque es imposible que uno que es verdaderamente creyente sea un apóstata, sí es posible que haya en nosotros un corazón de incredulidad, como vemos en Marcos 16: Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.
La incredulidad nos afecta, como afectó a la primera mujer, quien por medio del engañador fue convencida de que Dios no era bueno, sino que estaba guardándoles algo bueno.
Así que no tengamos en poco las advertencias de Hebreos, aunque nosotros, creyentes verdaderos en el Señor Jesucristo, no podemos ser apóstatas. Es importante escuchar la voz de esta carta, que habla por medio de las diversas personas de la Deidad, y exhortarnos unos a otros, como nos enseña este capítulo: Antes exhortaos los unos a los otros cada día…
Para terminar, hago la pregunta: Si no nos reunimos a menudo, ¿cómo podemos entonces exhortarnos los unos a los otros?
Felipe Fournier
12 de julio de 2026