Léase por favor Hebreos 7:18-28
Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia (pues nada perfeccionó la ley)…
Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria…
2 Corintios 3:7
¿Por qué la ley no perfeccionó nada? Pues, según el capítulo 3 de 2 Corintios, era ministerio de muerte
. La ley buscaba la justicia en el hombre, pero no se encontraba en él para nada. Dios no quedó sorprendido por eso; era el ser humano quien tenía que aprender la lección de que no tiene justicia propia, y que todo intento de agradar a Dios a través de sus propios esfuerzos iba a terminar en una sola cosa: la muerte. Aquel capítulo también nos enseña una lección semejante acerca de la administración de la ley, que era temporal. Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece.
2 Corintios 3:11.
Se describe la ley como introducida en gloria, pero destinada a perecer por causa de su debilidad e ineficacia
. A los corintios, el apóstol habla del fin de la ley como administración, siendo reemplazada por algo mucho mejor y con más abundante gloria, llamado el ministerio de justificación
: mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación.
2 Corintios 3:9.
Así vemos con claridad que el ministerio de la ley era temporal, pues no podía dar al hombre la vida que necesitaba para agradar a Dios, y solo lo podía condenar. Es triste ver cómo el hombre, aún hoy en día, bajo la administración de la gracia y la justificación perfecta que podemos tener por fe en Jesucristo, sigue buscando justificarse bajo las obras de la ley. El apóstol así habla, en palabras claras, de la maldad de regresar a un sacerdocio imperfecto, llamado en su otra carta ministerio de muerte
.
Ahora el apóstol introduce la afirmación del juramento de Dios. Ya hemos visto en el capítulo anterior el juramento de Dios a Abraham, añadiendo el juramento a su promesa, haciéndola doblemente segura. Vemos el juramento particular de Dios para establecer el nuevo sacerdocio, cosa que no sucedió con el sacerdocio aarónico. Y esto no fue hecho sin juramento; porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento…
Y por tercera vez vuelve a citar el Salmo 110, esta vez enfocándose en el juramento de Dios.
Al añadir el juramento al nuevo sacerdocio de Cristo, no existe posibilidad alguna de que el sacerdocio eterno de Cristo sea revocado o sustituido por otro sacerdocio, como ocurrió en el caso del sacerdocio aarónico.
Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto.
Hay que tener en cuenta que el apóstol no está diciendo que el mejor pacto
tiene algo que ver con la iglesia. Sus oyentes eran hebreos y anhelaban algo mejor para el pueblo terrenal, que antes era su única esperanza. El apóstol también era hebreo y, como vemos una y otra vez, él también anhelaba la bendición de su pueblo terrenal. Leemos en Romanos 9 su ferviente amor por su pueblo y su deseo de que conocieran al Señor Jesucristo, el mismo que crucificaron. Verdad digo en Cristo … tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne…
Romanos 9:1-3.
Por eso, habla del mejor pacto
que va a ser con Israel en un día aún futuro. Aunque nosotros a lo mejor no somos de la raza hebrea, nos debe interesar también el futuro pacto con Israel, basado en la pura gracia de Dios por Jesucristo y no en la esperanza de algo producido por las obras de la ley.
Así, esta es mi sangre del nuevo pacto
(Mateo 26:28), que muchos interpretan como si fuera un pacto con la iglesia, de veras solo tiene que ver con la bendición futura de Israel, basada en la sangre de Cristo, sangre de tanto valor, infinitamente más eficaz que la sangre de miles de animales.
Con la bendición del pueblo terrenal viene también la gloria de la manifestación de Jesús como Rey de Israel. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida
(su manifestación como Rey). 2 Timoteo 4:8. Así a nosotros nos interesa mucho la exaltación de Jesús, aunque no nos toca directamente a nosotros como el objeto del pacto.
El apóstol termina su argumento desarrollando su descripción de la perfección e idoneidad de Cristo y de su sacerdocio. Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.
Esta salvación no es la salvación eterna del alma, sino la salvación presente de nuestras vidas cotidianas. Cristo, por haber sido un hombre acá abajo, además de ser el eterno Dios, es idóneo para ser un sacerdote precisamente según nuestra necesidad. Sin embargo, vemos que los versículos que terminan el capítulo añaden nuestra necesidad de buscarlo en oración. Dios espera que participemos si hemos de ser salvos de esta manera: a los que por él se acercan a Dios…
Se describen los atributos de Cristo en relación con aquel sacerdocio: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos…
Él se compadece de nosotros, y la idea de inocente
lleva el pensamiento de “inofensivo”. Nunca nos va a someter a algo ofensivo a Dios o perjudicial para nuestras vidas cristianas.
El versículo con que termina el capítulo no necesita comentario: Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.
Felipe Fournier
30 de agosto de 2026