Mateo 21, última parte: El resultado de rebelión y desobediencia

Léase por favor Mateo 21:33-46

Al leer de nuevo esta parábola de la viña y su obra, me acuerdo de la verdad de siempre tomar la escritura en su contexto. En estos últimos versículos de Mateo 21, vemos como el Señor revela, no solo la culpabilidad de la nación en los tiempos pasados, sino el pecado mas grande que iban a cometer en pocos días, eso es, matar al Hijo.

Si tenemos duda que la parábola refiere a la nación de Israel, leemos Isaías 5, donde hay una parábola semejante, explicado por el profeta. Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor. En aquella parábola, vemos que su viña producía uvas silvestres, vileza y clamor. Pero en la parábola nuestra, nos dice que no rindieron nada al Señor de la viña, quien tiene que ser Jehová del antiguo testamento, quien en la persona de Jesucristo estaba justo ahora hablándoles. El Señor les habla de los responsables de la nación, quien eran ellos, pero parece que no detectaron al principio de que hablaba. El Hijo había venido, enviado por Dios Padre. Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad.

El punto de vista es de todo, referente al liderazgo de Israel. Pero a la vez vemos en su actitud, algo que universalmente expresa la rebelión humana. Satanás, en el principio del ministerio del Señor Jesús, le dijo que los reinos de la tierra eran suyos. Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Lucas 4:5-6 Pero eso solo era por la desobediencia e idolatría de Israel. El último rey de la nación, Sedequías, rebeló contra el rey pagano, Nabucodonosor. La palabra de Dios era que su reino y el dominio de Israel, había de ser quitado y los reinos de la tierra pasaron a los gentiles. Después, dice Jehová, entregaré a Sedequías rey de Judá, a sus criados, al pueblo … en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, en mano de sus enemigos y de los que buscan sus vidas, y él los herirá a filo de espada; no los perdonará, ni tendrá compasión de ellos, ni tendrá de ellos misericordia. Jeremías 21:7 A la vez, Satanás tomó su lugar como príncipe del mundo y así lo vemos hasta el día de hoy. Es él dios de este mundo religiosamente, y es él príncipe del mundo político. Pero no es su derecho y tampoco de los lideres de Israel, cuando dijeron apoderémonos de su heredad. El hombre natural cree que la tierra le pertenece y así no tiene que tener nada que ver con su Creador. Pero es falso, pues en su tiempo, vendrá el Señor Jesús en su manifestación, y El tiene derecho. Así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto no será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto. A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré. Ezequiel 21:26-27 Así la tiara (un tipo de corona o diadema que indica autoridad) fue quitada de la cabeza de Sedequías y dado al gentil Nabucodonosor, pero siendo él un pagano de dioses ajenos, vemos como Satanás llegó a tener su influencia fuerte.

Pero volviendo a nuestro capítulo, vemos los lideres pronunciando su propio juicio, cuando se les hace la pregunta sobre tal conducta. Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo. El Señor aceptó como correcto el veredicto que habían pronunciado sobre sí mismos, citando el Salmo 118:22-23. La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo. De parte de Jehová es esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos. Él era la piedra que ellos, los constructores, estaban rechazando. De ninguna manera encajaba Jesús en el edificio que ellos diseñaron. Y pronto su edificio iba a ser destruido, tal como ellos decían. Viene un día en que el Señor Jesús será reconocido como el fundamento y se va a establecer el edificio que Dios tiene en mente; y este maravilloso evento implicará la destrucción de los hombres malvados y su falso edificio. Este edificio no es la iglesia, que si se habla como un edificio también, pero el contexto aquí indica que nos habla de un día aun futuro cuando un remanente fiel recibirá la piedra Jesús quien antes habían rechazado.

En el versículo 43 y al comienzo del versículo 44 obtenemos los efectos actuales de su rechazo de Jesús como Mesías de Israel. Se convierte en una piedra de tropiezo para los líderes de Israel y la masa de la nación, y en consecuencia están quebrantados como pueblo. Esto finalmente sucedió cuando Jerusalén fue destruida por los romanos en el año 70. El reino de Dios había sido establecido entre ellos a través de Moisés, y ahora esto definitivamente fue tomado de ellos, y debía ser entregado en otra forma a una “nación” (aunque en la traducción nuestra dice gente) que produciría sus frutos adecuados. Eso no puede ser los gentiles o la iglesia, pues es una nación. La piedra sobre quien ella cayere, le desmenuzará habla de un evento aun futuro cuando el Señor Jesús vendrá para juzgar a Israel apóstata y la profesión cristiana, ya atrapada con las apóstatas de Israel adorando a la imagen de la bestia y siguiendo al anticristo.

Por fin se dieron cuenta; Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. Su respuesta, en vez de arrepentirse, era buscar como matarlo. Hoy día es nuestro privilegio reconocer y recordar aquel cuyo es el derecho, nuestro amado Señor Jesucristo.

Felipe Fournier
23 noviembre de 2025