Léase por favor Mateo 25:1-30
Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.
Mateo 25:13 de la Biblia de las Americas.
Hemos hablado anteriormente acerca del título del Señor Jesús de Hijo del hombre.
Hemos notado como la venida del Señor como Hijo del hombre siempre está relacionada con la nación de Israel y su pueblo terrenal. En nuestra muy buena traducción de Reina Valera, y también en la traducción en inglés, comúnmente usado, del rey Santiago, se añada equivocadamente al verso 13 de nuestro capítulo la expresión Hijo del hombre.
Aparentemente los traductores, encontrando la expresión varias veces en el capítulo anterior, pensaron que era necesario ponerla también en el verso 13. Sin embargo, la Biblia de las Americas y en inglés, la versión Darby no incluyen la expresión. La venida del Señor relacionada con la semejanza del reino de los cielos en nuestro capítulo habla del arrebatamiento de la iglesia, como notamos en el estudio anterior, y no de la manifestación del Señor Jesucristo, Mesías de Israel, y Rey justo, aquel cuyo es el derecho.
Ezequiel 21:27
Siendo que la iglesia, en este momento antes de la muerte y resurrección de Jesús, y la venida del Espíritu Santo en Pentecostés era una cosa aun desconocida, el Señor Jesús hablaba en parábolas y semejanzas. Como vimos, las tres parábolas hablan de fidelidad, vigilancia y utilidad. Ya hemos visto como la vigilancia era una cosa perdida por muchos siglos, pues todas las vírgenes dormían. Fueron despertadas por la llamada a media noche ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!
La venida del Señor en el arrebatamiento era una de las verdades recuperadas por el Espíritu Santo y la lectura seria de la palabra de Dios en los primeros años del siglo 19. (Tristemente, entre la profesión cristiana, esta verdad se está perdiendo de nuevo, por la vuelta a la doctrina de los reformadores, quienes enseñaban que la iglesia era un reemplazo por las promesas hechas por Jehová a su pueblo terrenal.)
Vuelvo a citar otra vez la Biblia de las Americas por el verso 6; Pero a medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo.
No es mucha la diferencia pero la verdad importante es que esperamos a una persona, no tanto un evento. No es malo esperar la venida del Señor por varios motivos. Por ejemplo, ayer asistí al funeral de una hermana quien había estado casada con su marido por mas de setenta años. Podemos imaginar como el hermano anhela la venida del Señor para ser reunido con su esposa amada, a pesar de la verdad que conocemos que no va a haber matrimonios en el cielo. Otros están sufriendo mucho en sus cuerpos o en sus espíritus; pensamos de nuestro hermano Gedeon del Congo en Africa. El hermano tiene el cuidado de niños huérfanos cuyos padres han sido asesinados por los terroristas, y el hermano busca como alimentar a estos niños en el riesgo de su vida. En este mes de enero, los terroristas mataron a otro hermano en Cristo de la asamblea de Goma, el Congo. Podemos imaginar como el hermano anhela la venida del Señor para ser librado de estos malvados. Así Judas, verso 21, nos dice conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.
Su venida del Señor va a ser una misericordia, pero a la vez debe ser su cara, su persona que anhelamos ver, sobre todo.
Siguiendo el resto del verso 6, Salid a recibirlo
, se nota que en los primeros años de la recuperación de la verdad de la venida del Señor, había un gran ejercicio de conciencia de salir de las denominaciones a ser congregados solo al nombre del Señor Jesús. En muchos casos las iglesias estaban bastante llenas de lámparas sin aceite o sea, personas de nada más la profesión de ser cristianos, sin el Espíritu Santo morando en sus personas. El evangelio de pura gracia salía con fuerza también en aquellos años y muchos compararon por sí mismo
el aceite y aceptaron al Señor como su propio salvador. Se cerró la puerta
nos habla del fin de la predicación del evangelio de la gracia y son palabras solemnes por los que siguen sin aceptar al Señor Jesús como su Salvador. Aquellas vírgenes quienes no compraron aceite representan estas mismas, quienes siguen con su profesión vacía. Cinco veces encontramos la expresión señor, señor
, tres veces en Mateo y dos en Lucas, y cada vez representa una profesión falsa. La última palabra a las falsas es De cierto os digo, que no os conozco.
Ahora tenemos la semejanza del reino de los cielos relacionada con la utilidad y el uso bueno (o no) de los talentos. Un hombre que yéndose lejos
nos habla del Señor Jesús, sentado en la diestra de Dios desde los Hechos 1:9. Mientras, en esta época de la gracia, los siervos del Señor han recibido dos cosas; la primera cosa es natural y la segunda cosa es espiritual. Podemos decir que hay ambos habilidad (natural) y don (espiritual.) Conocemos quizás a hombres que son elocuentes; hablan bien y saben cómo capturar el interés de los oyentes. A menudo estas personas buscan carreras como licenciados o políticos. Sin embargo, hay gran diferencia entre la habilidad natural y el don espiritual. Hay los que llamamos “pastores” en el sentido que toman un lugar de liderazgo sobre una congregación que son bien elocuentes y atraen mucha gente por su habilidad. Puede ser que también tienen don espiritual. Es común que cuando estas personas se mueren o se trasladan a otro lado, que la asistencia en aquella iglesia disminuye mucho, pues la atracción era la elocuencia del pastor. ¡Ojalá que nuestro centro y nuestra atracción sea a la persona del Señor Jesucristo!
Continuamos, Dios mediante, el tema de esta tercera parábola en el próximo estudio.
Felipe Fournier
25 enero de 2026