Hebreos 2, parte 3: Más ventajas de la muerte y resurrección del Señor Jesucristo

Léase por favor Hebreos 2:14-18

Algunos de ustedes conocían al hermano Guillermo Guerra de San Diego, un hermano bien dotado en el español y el portugués, quien enseñaba las Escrituras a un nivel bastante profundo. Era muy influyente en mi vida, pues me invitó a visitar la República Dominicana con él, obsequiándome los boletos de avión en el año 1981. Cuando estaba muriendo de cáncer en el año 2003, me dijo algo así: “Morir, para el creyente en Cristo, puede ser una prueba, pero la muerte es una amiga que sonríe.” Le quedaban solo cinco semanas de vida. (No sé si este dicho era de él mismo o si estaba citando a alguien más.) Nuestro capítulo de Hebreos 2 apoya este dicho de la amiga que sonríe.

La enfermedad roerá su piel, y a sus miembros devorará el primogénito de la muerte. Su confianza será arrancada de su tienda, y al rey de los espantos será conducido. Job 18:13-14 Así dijo Bildad de la antigüedad, uno de los amigos de Job, y así describía la muerte como el rey de los espantos. Sin embargo, para el creyente en Jesús, el rey de los espantos se ha transformado en la amiga sonriente, según nuestro capítulo. Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir (mejor traducido: anular o cancelar) por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.

En Filipenses leemos versículos que nos animan a menudo después de la partida de un ser amado creyente: Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia … teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor Filipenses 1:21-23. También en 1 Corintios 15:54-55: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

Su poder, a través del temor de la muerte, ha sido anulado, aunque el mismo no será destruido hasta después del milenio. Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos Apoc. 20:10.

Hay que tener en cuenta que el diablo, por el temor de la muerte, mantiene a sus siervos en servidumbre, pero él mismo no tiene el poder de la muerte. Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que, después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed Lucas 12:4-5.

Entendemos del libro de Job que Satanás no pudo tocar la vida de Job, a menos que Dios lo permitiera. Satanás es homicida por naturaleza, según Juan 8:44. Él puede causar la muerte por medio de la tentación, la persecución, la violencia o la enfermedad, pero solamente cuando Dios lo permite. Satanás no tiene la autoridad soberana para decidir quién muere ni cuándo muere. Solamente Dios tiene autoridad absoluta sobre la vida física y sobre el juicio eterno; sin embargo, por medio de la muerte de Cristo, para nosotros la muerte es la amiga sonriente.

Los últimos dos puntos en nuestro capítulo se ven en los versículos finales, algo combinados en su expresión: Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. La expiación es otra palabra que significa propiciación. La propiciación es el aspecto de la obra de Cristo en la cruz dirigido hacia Dios, que satisface las exigencias de la justicia divina con respecto al pecado y a los pecados, y que de este modo vindica la santidad de Dios. A veces luchamos para captar esta verdad, pues si Cristo murió por todos, ¿cómo entonces no todos se salvan? Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo 1 Juan 2:2. Todos pueden ser salvos por la eficacia de la muerte de Cristo.

Romanos 3:22 lo expresa muy bien, aunque la versión RV pierde algo de su significado. De la traducción JND entendemos lo siguiente: La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para con todos; y sobre todos los que creen… Así, solo los que creen llegan a disfrutar los beneficios de la propiciación.

Se ven de nuevo combinados los dos beneficios restantes de la obra de Cristo (algo que los ángeles nunca pudieron hacer) en este pasaje de Romanos 8:33-34: ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es él que justifica. ¿Quién es él que condenará? Cristo es el que murió; más aún, él que también resucitó, él que además está a la diestra de Dios, él que también intercede por nosotros.

Este tema del sacerdocio de Cristo lo veremos más desarrollado en los siguientes capítulos de Hebreos, pero aquí somos introducidos a estas dos obras: la propiciación y la intercesión. 1) Haciendo propiciación por los pecados del pueblo: una obra consumada una sola vez. 2) Intercediendo por su pueblo: una obra continua.

Así el apóstol enseña a sus lectores judíos con profesión cristiana cosas maravillosas que fueron consumadas por la obra completa de Cristo en la cruz, siendo hombre, muriendo como hombre y resucitando de entre los muertos, un hombre con cuerpo de gloria. Los ángeles no podían ni pueden alcanzar tales cumplimientos.

Felipe Fournier
28 junio de 2026